Blog de Hermógenes

lunes, 15 de octubre de 2018

El "Yo Acuso" en un País Trucho

Cuando Emile Zola escribió su famoso artículo “Yo Acuso”, denunciando el juicio amañado, fundado en testimonios y documentos falsos, mediante el cual se había condenado al capitán Dreyfus, la sociedad francesa reaccionó e impuso la verdad y la justicia, exigiendo y obteniendo la liberación y el reintegro a las filas del oficial, preso en la Isla del Diablo. Es que en la sociedad francesa de fines del siglo XIX prevalecía una fibra moral sólida.

La sociedad chilena actual carece de ella y se ha rendido al veredicto de magistrados prevaricadores y juicios amañados contra los oficiales y soldados que la libraron de un destino totalitario impuesto por terroristas de izquierda. Así, la inmoralidad ha pasado a reinar en la justicia chilena y los sucesivos Presidentes y la mayoría política la han cohonestado. El Ejecutivo actual ha pasado a ser cómplice activo de la prevaricación judicial, al haber interpuesto, durante la primera administración Piñera, dos tercios de las querellas contrarias a derecho con que se ha perseguido  a quienes plantaron cara —a pedido de la mayoría civil— al terrorismo armado.

Por eso un “Yo Acuso” ante las condenas en los juicios confesamente amañados del brigadier (r) Krassnoff no tiene destino en un país moralmente trucho como el Chile de hoy, que hace la vista gorda ante currículos inaceptables, boletas falsas, sobornos visibles y mentiras oficiales compartidas.

En el programa “El Informante” de TVN unos años atrás yo mismo obtuve la confesión del ministro sumariante Alejandro Solís, que ha impuesto la mayor parte de las condenas por 668 años y en 71 procesos amañados al brigadier Krassnoff, en el sentido de que las había fundado en “ficciones jurídicas”. 

Esta confesión fue escandalosa, puesto que el primer deber de un juez es fundar en pruebas reales y no ficticias el delito y la responsabilidad del acusado. En los indebidos procesos que han condenado a Krassnoff, quien ya ha cumplido 18 años de presidio injusto, se han pasado a llevar todos los fundamentos del derecho penal universal: la presunción de inocencia, el principio de legalidad, el principio pro reo, la ley de amnistía, la prescripción, la cosa juzgada, las leyes regulatorias de la prueba y la igualdad ante la ley. Esto último porque Kassnoff y sus compañeros de infortunio han sido juzgados mediante un procedimiento distinto y considerado parcial e injusto, reemplazado por el hoy garantizado a los demás chilenos.

Por eso el hecho de que llame a escándalo que el hijo, hoy coronel en servicio activo y en trámite de retiro, de Miguel Krassnoff, haya agradecido un gesto de reconocimiento de sus pares a su padre, es en sí mismo escandaloso y revelador de que en Chile los cánones morales están gravemente menoscabados. 

Por lo mismo es increíble que el ministro de Defensa, Alberto Espina, declare “inaceptable” ese gesto y llame al Ejército a la imposición de sanciones. Más increíble aún es que el ministro de Justicia, Hernán Larraín, califique a Miguel Krassnoff como autor de “delitos de lesa humanidad”, tipo jurídico introducido al país en 2009, habiendo los actos que se le imputan ocurrido en 1973 - 1976 y siendo que la Constitución garantiza que “ningún delito se castigará con otra pena que la que señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración”. Es que acá ya no imperan ni el derecho ni la moral.

Entonces el “Yo Acuso”, que permitió la reacción contra la injusticia y la mentira en una sociedad francesa de fines del siglo XIX regida por la moral, no puede cumplir ese fin rectificador en otra como la chilena actual, regida por la mentira oficial, con un gobernante cómplice de las consignas extremistas y dedicado a concretar la venganza que la justicia de izquierda ha practicado eficazmente, ya durante 28 años, contra los militares que salvaron al país del triunfo del proyecto totalitario marxista. 

domingo, 14 de octubre de 2018

Locas Con Pinochet

En un titular de una crónica del 12.10.18 a todo lo ancho de la página, de una periodista free lancer a la cual hace muchos años los jueces y abogados de izquierda utilizan para meter en “El Mercurio” infundios contra el régimen militar, se afirma: “Consejo de Defensa del Estado pide que se condene a 16 herederos a pagar $10.916 millones del patrimonio de Pinochet que es de origen ilícito”. Desde luego, titular falso, porque el origen no se ha probado que sea ilícito. Y aparece la abogada del CDE, María Eugenia Manaud, fotografiada y afirmando que “Pinochet incurrió en conductas de sustracción de caudales públicos”. Lo cual también es falso. 

Las abogadas izquierdistas del CDE, azuzadas por su colega y diputada comunista Carmen Hertz (principal activista del odio que impide toda reconciliación en Chile) se caracterizan por la politización e irregularidad de sus acciones, por lo cual deberían haber sido excluidas de esa institución mucho antes que Javiera Blanco. Pero la Dictadura del “No”, que gobierna ya por 28 años, les garantiza impunidad para enlodar la memoria del mejor Presidente de Chile del siglo XX.

Es que esas mujeres se volvieron locas desde que, a raíz de denunciarse las cuentas en el Banco Riggs del general Pinochet en 2005, el Director de Impuestos de Chile examinó todos los ingresos del ex mandatario desde 1973, tras lo cual se comprobó que hasta 1990, en sus casi 17 años de gobierno, sólo había ingresos no explicados por 544 mil dólares, que podían atribuirse a uso de gastos reservados (Informe publicado en “La Tercera” del 8 de octubre de 2005).

No le dieron a Pinochet, ya disminuido y enfermo, ni siquiera oportunidad de defenderse, pero la cifra era, en todo caso, ridícula, desde que TODOS los gobernantes de la Concertación habían sido “pillados” llevándose para la casa sobres con billetes por más de 500 mil dólares CADA DOS MESES. Fueron “pillados” después de que el ministro de OO. PP de Lagos, Carlos Cruz, cándidamente se lo reveló a Raquel Correa en una entrevista. Después el ex Presidente Aylwin reconoció a “El Mercurio” que el hábito se había iniciado bajo su gobierno y “fue una corruptela”.

Entonces las mujeres del CDE no pudieron soportar que Pinochet resultara más honrado que sus sucesores del “No”, sobre todo que habían perseguido, también en “juicio por los diarios”, el caso de una cuenta del ex Presidente en el Banco Espirito Santo de Miami por algo más de cien mil dólares, denunciada con escándalo. La abogada María Teresa Muñoz, del CDE, había salido gritando “¡lavado de dinero, fraude al fisco, malversación de caudales!” y anunciando un juicio en Miami. 

Nadie dijo nada cuando el Banco Espirito Santo de Miami le ganó el juicio en Estados Unidos al CDE, tras comprobarse que los dineros del depósito de Pinochet eran bienhablados. Acá los diarios no publicaron nada y yo sólo lo supe porque colaboré con el abogado que enviaron y con sus colegas que acá comprobaron la licitud de los orígenes de los dineros respectivos. Es que los “juicios por los diarios” suelen ir para un solo lado. No piden perdón por publicaciones infundadas.

La única tabla a que se aferraban, entonces, esas abogadas era un proceso completamente espurio iniciado por un ministro sumariante de izquierda contra los ocho oficiales ayudantes del Comandante en Jefe Pinochet entre 1981 y 1997. A eso quedó circunscrito el “caso Riggs”. Cada oficial ayudante abría en ese banco una cuenta para gastos en el exterior y la cerraba al final de su cometido. De los ocho oficiales, sólo dos conservaban la documentación del movimiento de su respectiva gestión: Guillermo Garín y Gustavo Collao. El sumariante de izquierda tuvo que absolverlos, porque no había seña de delito. Pero los otros seis no conservaban ni documentos ni recuerdos, porque todos eran hechos prescritos hacía más de diez años y ocurridos hace más de treinta. Y sólo en Chile existen jueces que pasan sobre la prescripción y la consiguiente prevaricación impunemente, de modo que éste condenó a los seis a cuatro años de presidio y mantuvo incautados US$ 1.630.000 de la sucesión Pinochet.

Apelada esa sentencia inicua, la Corte de Apelaciones de Santiago mostró un criterio menos politizado y aplicó la ley, es decir, la prescripción; y alzó el comiso sobre los bienes quedados al fallecimiento del general. Se terminaba así el "caso Riggs".

Pero entonces, lideradas por la diputada y abogada comunista Carmen Hertz, las “locas con Pinochet” discurrieron recursos de casación ante la Corte Suprema para anular el término del caso, el fin de la persecución judicial y el alzamiento de la incautación. Entonces presentaron dos recursos de casación ante la Corte Suprema, queriendo aprovechar las últimas actuaciones del ministro de izquierda Milton Jiica, a punto de retirarse por cumplir 75 años, y así conseguir mayoría en la sala penal del máximo tribunal.

Y, efectivamente, gracias al último voto de Juica en actividad los recursos fueron acogidos. Los oficiales ayudantes entonces volvieron a quedar condenados y el movimiento de sus cuentas volvió a  ser “dinero malhabido de Pinochet”. 

No les importó nada la incongruencia de que, en los dos casos en que se conservaba la documentación —Garín y Collao— no había evidencia alguna de mal uso de gastos reservados, permitiendo presumir que ésa era siempre la conducta de Pinochet. Muy por el contrario, las “locas con Pinochet” del CDE han decidido iniciar un nuevo juicio por el total de las sumas que usaron los otros seis oficiales ayudantes durante sus respectivas gestiones. Esa ha pasado a ser ahora “la fortuna de Pinochet”. Fue el último servicio a la causa del jubilado Juica. El “juicio por los diarios” así puede seguir.

Yo, por supuesto, me quedo con la aseveración que el ex Presidente nos hizo a un grupo de sus amigos, pocos días antes de fallecer y haciéndose eco de la campaña político-periodística en su contra: “Juro por la memoria de mi madre que nunca toqué un peso que no me correspondiera”.

jueves, 11 de octubre de 2018

Chileno: el "No" te Miente

Hace cincuenta años el marxismo revolucionario obtuvo un gran triunfo propagandístico contra un bastión de la derecha nacional: habiendo usurpado por la fuerza la Casa Central de la Universidad Católica y habiendo sido, el respectivo movimiento subversivo, denunciado editorialmente por “El Mercurio” como manejado por el Partido Comunista, los usurpadores colgaron en el frontis de la Casa Central cautiva un gigantesco lienzo, de una cuadra de extensión, que decía, en enormes letras rojas: “Chileno: El Mercurio Miente”.

Difícilmente se encontrará un eslogan más exitoso que ése. Yo era, a la fecha, el más joven editorialista de “El Mercurio” y aprecié en toda su magnitud el dolor que esa espectacular injuria pública le infligió al decano de la prensa chilena. La consigna prendió tanto que desde entonces y en el siguiente medio siglo el diario ha debido soportar que sus  detractores repitan, en los momentos álgidos del debate nacional (que ese periódico aspira a presidir) la consigna, “¡El Mercurio miente!”, lo que siempre lo deja en incómoda postura. 

Y ello pese a que los hechos y la historia subsiguiente comprobaron que el diario había dicho la verdad, pues Miguel Ángel Solar —el estudiante que encabezó la toma de la UC, y los demás cabecillas— terminaron confundidos con el resto de la subversión encabezada por la extrema izquierda marxista en las poblaciones y sólo experimentaron su derrota final cuando la Revolución Militar Chilena se impuso en 1973 y su “Misión Cumplida” lanzó al basurero de la historia a Miguel Ángel Solar y sus secuaces marxistas.

Hoy yo he resuelto extender desde este blog y a lo largo y ancho de todas las redes otra consigna, pero en este caso verdadera: "Chileno: el 'No' te Miente". Pues, aprovechando los aniversarios del 11.09 y del 05.10 y el control que tiene sobre los medios la "Dictadura del 'No'" que ejercen conjuntamente el Ejecutivo presidido por Sebastián Piñera y el Legislativo controlado por la oposición política ("gobierno y oposición unidos jamás serán vencidos"), nos han mentido sin tasa ni medida en estos días.

El más repetido slogan falso corre así: "la dictadura militar cometió 'graves, crueles, sistemáticos e inaceptables atropellos a los derechos humanos" (Sebastián Piñera). Usó cuatro adjetivos en lugar de los tres acostumbrados, tal vez debido a que la mentira era de marca mayor. Pues su afirmación es falsa de falsedad absoluta. La Junta y su Presidente ordenaron, desde el primer momento y en sucesivas circulares, respetar los derechos de las personas. Esas órdenes están documentadas, desde luego, en mi último libro, "Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990". Como tal directriz no fuera obedecida en variados casos, el régimen disolvió la DINA por trasgredirla. Cuando su sucesora, la CNI, también cometió excesos, la Junta le prohibió detener a nadie sin previa orden competente. La constancia de toda detención debía dejarse en el Ministerio del Interior.

Por supuesto, ningún régimen puede garantizar que ninguno de sus funcionarios no cometerá excesos, y hubo funcionarios que los cometieron. Pero eso no cambió la política del respectivo gobierno, sino que, simplemente, la contravino. Fue lo que sucedió.

Aparte de eso se repite como un mantra la denuncia de "¡torturas!", como si hubieran aparecido en Chile bajo la Junta. Carlos Peña, en "El Mercurio", criticaba a la propia conmemoración oficial del "No" por no reiterar la consigna "¡torturas, desapariciones, abusos sangrientos!" 

Pero los abogados de izquierda hicieron en 1970 una presentación a la Corte Suprema, de 120 páginas, denunciando las torturas a sus subversivos por la policía política de Frei Montalva. El gobierno posterior, de Salvador Allende, practicó la tortura oficialmente y por eso fue denunciado a ese efecto en el Acuerdo de la Cámara de 22 de agosto de 1973. Dos diputados nacionales, Maximiano Errázuriz y Juan Luis Ossa, electos en marzo de 1973, habían sido víctimas de torturas a manos de funcionarios de Allende. El segundo fue interrogado en Rancagua, tras las aplicaciones eléctricas, por el propio subdirector de Investigaciones, Carlos Toro, funcionario comunista de la confianza de Allende. Después de denunciado, nunca se tomó medida alguna contra él.

El problema venía de antiguo y por eso el historiador Gonzalo Vial propuso en la revista "Portada", en 1971, legalizar la tortura, puesto que todos los gobiernos hasta entonces la practicaban y, en concreto, lo hacía en enero de 1971 el de Allende con los presos por el caso Schneider.

Entonces raya en el cinismo que marxistas y DC, con tal prontuario de torturadores, pretendan descargar sobre el Gobierno Militar tal acusación, siendo que éste, para comenzar, enfrentado a más de 20 mil terroristas, trasladó ya en 1973 a 80 efectivos de Investigaciones para practicar los interrogatorios contra los apresados después del 11 de septiembre. Esos funcionarios venían de los gobiernos anteriores y aplicaron las mismas prácticas de éstos. Y, además, al denunciarse casos de torturas, por primera vez en Chile hubo denuncias judiciales que se tradujeron en condenas (casos "Vengadores de Mártires" y transportista Fernández), cosa desconocida bajo Frei y Allende.

Otra gran mentira reciente del "No" es que el Gobierno Militar "hacía desaparecer personas". Es verdad que hubo muertes ilegales, que no fueron ordenadas por el Gobierno, pero al final el paradero de los 1.102 casos de personas cuyo destino se ignoraba fue aclarado. Y si permanecen restos sin identificar (entre ellos, increíblemente, en el recinto de la propia Agrupación de Detenidos Desaparecidos ("La Tercera") es porque no se les quiere identificar y eso es responsabilidad de los 28 años de la actual Dictadura del "No". Nunca la Cámara ha formando una comisión investigadora para identificar los cadáveres y los restos enterrados en el Cementerio General, en el Instituto Médico Legal y en la Agrupación de DD. DD. Tampoco ha querido investigar los casos de supuestos desaparecidos que no tienen existencia legal, de acuerdo al Registro Civil; de los que aparecen viajando al exterior o han sido vistos vivos por personas que así lo han declarado ante notario con posterioridad a su desaparición. Ni menos se ha explicado por qué seis han ido "reapareciendo" en estos años, sin sonrojo de los sobrevivientes de las comisiones Rettig y NRR de 1990-91.

La reciente y falsa acusación presidencial de que el Gobierno Militar perpetró violaciones a los derechos humanos tampoco puede sostenerse desde el momento en que el peor problema que enfrentó la Junta, desde su primer día, residió en que diversos gobiernos e instituciones del exterior se negaban a extenderle créditos o venderle armas atendiendo al slogan difundido desde el KGB de que se violaban acá los derechos humanos. La Junta fue el gobierno más vigilado del mundo en materia de derechos humanos, de modo que habría sido no solo imposible para ella, sino suicida, violarlos sistemáticamente. No podía ni le convenía hacerlo y por eso le garantizaba al presidente de la Cruz Roja Internacional el acceso a cualquier prisión o recinto de detención que deseara inspeccionar, sin necesidad de solicitud previa. Eso está documentado por el historiador James Whelan.

Por eso, en anterior blog, yo he dejado establecido que en Chile se están cumpliendo dos apotegmas difundidos por personajes europeos del pasado: el cínico consejo de Voltaire, "mentid, mentid, que algo queda"; y la comprobación aún más cínica y escandalosa de Goebbels: "una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad". Ésta se ha convertido en principio inspirador de la actual Dictadura del "No".

Chileno: tu presente dictadura te miente cuando te dice que la Revolución Militar Chilena introdujo la tortura en el país, cuando te repite que hubo "miles de desaparecidos" y cuando te insiste en que hubo entre 1973 y 1990 "violaciones sistemáticas de los derechos humanos", pues ese gobierno, el más vigilado en el mundo a ese respecto, tenía más motivos, no sólo morales, sino económicos que cualquier otro para respetar los derechos humanos.

Chileno: el "No" te miente. Que este slogan se extienda por tu cielo azulado, por las puras brisas que te cruzan también, por el mar que tranquilo te baña, por tus redes sociales, virtuales, radiales y escritas y por todo el largo y angosto territorio nacional como un gigantesco lienzo que permanecerá para siempre ilustrando la conciencia nacional.

domingo, 7 de octubre de 2018

El Éxito Final del KGB

El historiador inglés Paul Johnson escribió que el mayor éxito del KGB soviético, antes de ser lanzado al basurero de la historia, fue haber demonizado a Pinochet. 

Me habían pedido asistir y decir algunas palabras el 5 de octubre en un acto en el memorial de Jaime Guzmán, en recordación positiva de la votación por el “Sí”. Llegué puntualmente, pero los manifestantes escaseaban y éramos menos que los periodistas enviados a cubrir el evento. Por añadidura, los organizadores, el militar retirado Karol Bachraty y el abogado de los Presos Políticos Militares, Raúl Meza, me informaron que las autoridades del Memorial ¡les habían negado el acceso al recinto! Así, los 3.119.110 votantes del “Sí” del 5 de octubre de 1988 habíamos devenido unas pocas decenas, que  entonces tuvimos que manifestarnos en las afueras del recinto. Por suerte cabíamos en la vereda.

Antes de salir yo había leído la columna de opinión principal de “El Mercurio” respecto de la fecha, de Carlos Peña, quien, en medio de citas de Hegel, Polibio, T. S Elliot, Sartre, Ortega y Gasset, Renan, Mitterrand, Balzac, Walter Benjamin y Freud, en las restantes líneas de su propia autoría nos fulminaba a esos 3.119.110 como corresponsables en torturas, desapariciones, abusos sangrientos, allanamientos de poblaciones y masivas violaciones a los derechos humanos. 

Pero yo voté “Sí” justamente teniendo en cuenta las denuncias de torturas hechas por abogados de izquierda contra el gobierno de Frei Montalva (1964-70) y por el Acuerdo de la Cámara contra Allende en 1973, denunciando las sufridas por meros opositores, como mis compañeros de bancada de diputados en 1973, Maximiano Errázuriz y Juan Luis Ossa, este último interrogado, tras el tormento con aplicaciones eléctricas, por el propio subdirector comunista de Investigaciones, en 1972. Voté “Sí” en repudio de esas torturas y, además, yo, al menos, sabía que las primeras condenas por torturas impuestas en Chile de que se tenía noticia habían sido dictadas bajo el Gobierno Militar, en los casos del “Comando de Vengadores de Mártires” en los años 70, y del transportista del FPMR, Mario Fernandez, en los 80 (llevado al hospital, donde falleció, por sus propios torturadores). Pues en los gobiernos “democráticos” nadie las perseguía.

Y las “desapariciones” que nos zampaba Peña y que habían sido denunciadas en los años 70 y 80, sumaban, al 5 de octubre de 1988, 600, contenidas en una publicación del Arzobispado, cuyos autores fueron Claudio Orrego y Patricia  Verdugo. Después, el Informe Rettig de 1991 las elevó a 979 y la Comisión de Reparación y Reconciliación las aumentó a 1.102. El Gobierno aseguraba no tener información de esos casos. Pero luego se ha comprobado que los restos de personas cuyo paradero está precisado, más las que han ido “reapareciendo”, que son seis (es decir, no son tércnicamente, “desaparecidas”) es mayor que 1.102. O sea, no hay “desaparecidos”, pues se sabe el destino de las personas y sólo hay restos sin identificar y que no se quiere identificar. Como que ello no se ha hecho en 28 años de gobiernos del “No”. ¿Es que resulta  políticamente más rentable seguir hablando de “los desaparecidos”? Es tan poco el interés por identificar restos, que se descubrió, en la propia sede de la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, una bolsa con restos óseos no identificados. Y nunca se ha formado una Comisión Investigadora de la Cámara (que las forma con cualquier pretexto) para determinar la identidad de los restos que hay en la propia AFDD, el Servicio Médico Legal y el Cementerio General; y para aclarar los casos de “desaparecidos” que aparecen habiendo viajado al exterior o han sido vistos con vida por testigos que así lo declaran ante notario y también los que carecen de existencia legal según el Registro Civil, pero figuran como desaparecidos. Culpar a los votantes del “Sí” de esas omisiones que permanecen ya por 28 años no parece justo.

Por otra parte ¿votar “No” significaba en 1988 cohonestar todos los crímenes del terrorismo, la media docena de carabineros muertos por una “bomba vietnamita” bajo el bus en que viajaban, los 58 pasajeros ferroviarios muertos tras el atentado mirista en Queronque (¿ha pedido perdón Ominami?); los 47 uniformados caídos en atentados entre 1978 y 1986 a manos de terroristas defendidos por la Vicaría y finalmente indultados por Aylwin; los pasajeros muertos por bombas en el metro o transeúntes por autos-bombas con explosivos que estallaron en las calles? Todos esos atentados se cometían en apoyo al “No”. 

Es toda una paradoja que los mayores beneficiarios de los consiguientes gobiernos del “No”, al menos en términos económicos, hayan sido del MIR y del FPMR comunista y su entorno terrorista.

Si el “Sí” nos libró del comunismo y de nuestra cuota en los cien millones de muertos que regímenes de ese signo dejaron como legado (cfr. “Libro Negro del Comunismo”) ¿debemos hacer responsables a todos los votantes del “No” de haber querido traer ese horror al país?

Sea como fuere, a juzgar por la forma en que el principal diario recuerda el 5 de octubre, queda de manifiesto que la propaganda antichilena del KGB resultó exitosa, lavó los cerebros que tenía que lavar en el resto del mundo y en Chile y, como dije bien en un blog anterior, probó una vez más que Voltaire y Goebbels tuvieron razón en sus sendas frases instructivas: “mentid… mentid, que algo queda” y “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad”. 

Eso es lo que ha sucedido en Chile y lo que explica por qué los partidarios del “Sí” cupimos en una estrecha vereda y sus adversarios del “No”, en un número de decenas de miles, usaron La Moneda y otros recintos, acaparando sin contrapeso el dominio de la opinión general, para corroborar el último éxito del KGB antes de ir a parar al basurero de la historia.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Hoy Votaría "Sí" Con Mayor Razón

Voy a elegir el que es, en apariencia, el "peor caso" contra el Gobierno Militar y basado en él voy a probar que era mejor votar "Sí" en 1988 y que, si las circunstancias se repitieran, sería la mejor opción también hoy.

Veamos el "caso degollados", de 1985. Carabineros dieron muerte ilegalmente a tres dirigentes comunistas del grupo guerrillero FPMR, a pocos días de que un atentado explosivo de éste asesinara efectivos uniformados mediante una trampa explosiva colocada en el Hotel Araucano de Concepción.

¿Dónde fueron capturados esos jefes comunistas antes de ser degollados? En el "Colegio Latinoamericano de Integración". ¿Qué era ese colegio? Una institución formada al amparo de la libertad educacional establecida bajo el gobierno electo y constitucional de Pinochet (1981-1989). No hay mejor garantía de libertad política que la libertad económica. Y los comunistas podían fundar colegios propios bajo la que hoy llaman "dictadura". Con razón Milton Friedman, en un video de los años 80, elogiaba a ese régimen por dar libertad "desde la base (el mercado) hacia arriba". ¿Qué mejor elogio para una política educacional que posibilitar el pluralismo dentro de la libertad y sin discriminaciones?.

Sigamos con "los degollados": uno de ellos, José Manuel Parada, era el jefe del archivo de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado. ¿Qué hacía ahí un jefe comunista? Ahí está toda la historia del Chile de entonces. Lo que hacía era amparar a los terroristas y reclutar nuevos militantes para el FPMR. Así lo relató en 1986 uno de ellos, Alfredo Malbrich Labra, preso tras desórdenes callejeros, liberado tras un recurso de amparo (pero ¿no dicen que los tribunales no acogían los recursos de amparo en ese tiempo? Otra falsedad). Fue a agradecer a la Vicaría y ahí Parada lo reclutó para el Frente, al cual sirvió muy bien ayudando a desembarcar armas cubanas en Carrizal Bajo en 1986. ¡Gracias, Santa Madre Iglesia Chilena!

¿Por qué no triunfó la revolución comunista armada? Porque había un gobierno firme para reprimirla y que no se dejaba amedrentar, pese a las deserciones internas (primero de la DC, que después de implorar el golpe se pasó a la oposición cuando este no le traspasó el gobierno y ejecutó un programa de derecha; después los derechistas "blandos", que temían a la plena democracia que vendría porque ahí la izquierda les pediría cuentas: "nos van a colgar a todos", me decía uno en los 80; hay que "buscar una cancha de aterrizaje para cuando se vayan los militares", decían ex parlamentarios del Partido Nacional pasados al otro bando).

Y también hoy votaría con mayor razón "Sí" porque Pinochet mantuvo la paz tanto en nuestras fronteras como en la Araucanía. Dio miles de títulos de dominio a la etnia mapuche sin necesidad de premiar a los que se tomaban fundos por la fuerza, como ocurre hoy bajo la nefasta Ley Aylwin, digna sucesora de la conocida con el mismo nombre y dictada durante la reforma agraria de los 60 y que permitía al Estado tomar posesión de los fundos sin pago. 

Por algo en La Araucanìa y en Los Lagos ganó el "Sí" en 1988. Y en Aysén estuvo a cinco votos de superar al "No". Allá se extendía la "Carretera Presidente Pinochet",  ahora ya cambiada de nombre, por supuesto.

Hoy votaría "Sí" con mayor razón porque entonces había un gobierno más probo que los posteriores. En su persecución post-90 contra Pinochet, el Director socialista de Impuestos Internos examinó los ingresos y gastos del Presidente (nótese que el fallo de La Haya lo menciona como tal) entre 1973 y 1990 y determinó que en esos casi 17 años había apenas 544 mil dólares sin explicar. Los gobernantes posteriores se "llevaban para la casa" esa suma, en "sobres con billetes" de gastos reservados, ¡cada dos meses! Eso lo acredité judicialmente cuando fui llamado a explicarlo por un tribunal. "Fue una corruptela", admitió don Patricio sonriente, a "El Mercurio". Pero también se llevaba el sobre suyo.

El hoy Presidente de la República, Sebastián Piñera, eminentemente dedicado a promover su propia imagen, viaja a Antofagasta en un cuadrirreactor de la Fuerza Aérea para aparecer ante las cámaras allá blandiendo una bandera chilena, diciendo cuatro palabras plenas de lugares comunes sobre el fallo de La Haya y después volver inmediatamente para no perderse los reflectores santiaguinos y así seguir ocupando el centro de la escena después de almuerzo. Sospecho que ese solo vuelo propagandístico de ida y vuelta le cuesta al erario más de 544 mil dólares.

Chile bajo la presidencia de Pinochet crecía 5,6 % en 1986, 6,5 % en 1987, 7,3 % en 1988 y 10,6% en 1989. Hoy nos damos a santo si llegamos al 4 %. Habíamos sido el primer país en salir de la crisis de la deuda. Se hablaba del "milagro chileno" y del "jaguar de Sudamérica". 

Ningún otro país era tan vigilado en el tema de los derechos humanos, lo que era una garantía de respeto a los mismos. Tal como la DC y parte de la derecha internas, los Estados Unidos y Europa occidental bailaban al son de la propaganda del KGB y sancionaban al gobierno de Pinochet con la "enmienda Kennedy" o la retención de motores de aviones en Gran Bretaña, en plenos desafíos bélicos vecinales contra Chile. Pinochet se sobreponía a todo eso. El "New York Times" publicaba 66 editoriales contra el gobierno militar chileno acosado por el terrorismo comunista, lo que provocó 3 mil muertes en 16 años, mientras publicaba apenas tres editoriales contra el gobierno rojo de Camboya, donde había millones de muertos por la represión comunista. Así es la "prensa libre occidental", en cuyos brazos llegó al poder Fidel Castro en 1959 y del cual nunca se fue.

"La Tercera" informó recientemente que el 43 % que votó "Sí" en 1988 hoy se ha reducido al 30 %. Notable que se haya reducido tan poco bajo la "dictadura del 'No'" imperante desde 1990, que nos ha sujetado a un lavado cerebral intenso (tanto que Piñera pidió la renuncia al director del Museo Histórico por el "delito" de citar una frase de Pinochet y mostrar su efigie en una exposición). 

Sorprendente 30 % que no ha perdido la memoria. Seguramente afincado en las poblaciones populares donde, hasta 1990, se reprimía a la delincuencia y a la droga con firmeza; y también en la gente del Sur que añora los tiempos en que allá reinaban la paz y el progreso y en que los mapuches condecoraban al gobernante en lugar de quemar gente dentro de sus casas, camiones, maquinaria y templos religiosos.

El "Sí" ganaba a fines de 1987, pero el veredicto mayoritario cambió gracias al enorme flujo de dinero del "National Endowment for Democracy" norteamericano y los millonarios subsidios europeos para una mayoría de medios escritos adversos al gobierno que subsistían gracias a la libertad de prensa imperante (si bien en cada año la Sociedad Interamericana de Prensa sostenía que no la había, contra la opinión que yo expresaba solitariamente en sus reuniones, blandiendo ante ella el manojo de revistas opositoras conteniendo las peores críticas al gobierno).

Sí, yo volvería a votar "Sí", y con el mismo argumento que el historiador británico Paul Johnson usó para proclamar a Pinochet como un "héroe", en su libro histórico "Héroes": "porque yo conozco los hechos".  



domingo, 30 de septiembre de 2018

Otro Aniversario del "Sí"

     No se ha publicado en ninguna parte, como correspondería, pero el 5 de octubre habrá una celebración del "Sí" en algún lugar, que no se ha podido divulgar porque las hoy sedicentes "víctimas de atropellos a los derechos humanos" van acudir a agredirnos, como lo han hecho cada vez que han sabido de nuestras reuniones, durante estos 28 años de dictadura del "No".

     Los del "Sí" estamos orgullosos de haber transformado a la Venezuela de 1973, que era Chile, en "la joya más preciada de la Corona latinoamericana" (Clinton). La dictadura del "No" ha deteriorado esa joya y ya Panamá le ha arrebatado el primer lugar de América Latina y sus dos últimas administraciones (Piñera I y Bachelet II) han elevado su endeudamiento a un grado comprometedor, lo que ha deteriorado nuestra categoría de riesgo-país.

     Por eso los que tenemos más derecho a celebrar, aunque en 1988 hayamos perdido, somos los del "Sí". Pero son los del "No" los que se atropellan para hacerlo. Su actual VI Presidente de la Concertación había decidido conmemorar el triunfo de la peor alternativa en el plebiscito de 1988 en La Moneda, pero como los demás artífices del "No" declararon que no asistirían y celebrarían por su cuenta, él decidió también, entonces, hacerse presente en esta última ceremonia pública, con lo cual cumple con su verdadero programa de gobierno, no publicado y evidente por sí mismo, que tiene una sola línea y dice: "Sebastián Piñera debe estar siempre al centro de la foto, en el lugar preferente de la pantalla y en el sitio protagónico del escenario, sonriendo aunque no tenga ganas".

     Pero sería ocioso negar el progresivo abandono que ha sufrido el "Sí" de parte de una mayoría indiscutible de chilenos. Eso tiene, por supuesto, explicación pero no justificación. El KGB, que estableció desde el mismo 11 de septiembre de 1973 la consigna que debería repetirse como un mantra: "atropello a los derechos humanos en Chile", jamás debe haber esperado que hasta los partidarios del Gobierno Militar se la compraran.  

     Pero así somos los chilenos: primero se alejaron de la Junta los DC, siempre los más proclives a adoptar las consignas comunistas. Frei Montalva, que en 1973 decía al ABC de Madrid que "los militares han salvado a Chile y a todos nosotros" y "si usted tiene un cáncer debe operarse aunque no le guste", ya en 1976 conspiraba con los comunistas contra la Junta.

     "El vientre blando de la Junta", personificado en el general Leigh y toda esa derecha que se empezó a volver "democrática" cuando se le quitó el miedo y a repetir la consigna comunista, empezó a hablar a comienzos de los 80 de "tener una cancha de aterrizaje" para cuando hubiera elecciones, "porque si no nos van a colgar a todos", como me lo aseveró personalmente un ícono del entreguismo derechista, que después le prestó señalados servicios a la dictadura del "No". Se dejaron lavar el cerebro, pero más importante fueron el miedo y la falta de personalidad para defender la verdad y los principios.

      Y después, ya con Piñera en La Moneda, los desertores, tránsfugas y arrepentidos que se dieron vuelta la chaqueta hicieron legión, hasta llegar a este momento en que los del "Sí" no nos atrevemos a decir siquiera dónde nos proponemos celebrar la fecha en que los ciudadanos chilenos deberían habernos ratificado su agradecimiento por haber salvado al país, pero no lo hicieron.

     ¿Sólo chilenos cobardes y sin personalidad ni capacidad de pensar por su cuenta? No, los extranjeros también. El agregado militar norteamericano Ryan preguntaba en 1974 por qué su país perseguía a la Junta en lugar de agradecerle, cuando para librar a Vietnam del Sur del comunismo 55 mil norteamericanos murieron, se gastaron miles de millones de dólares y hasta tuvieron que mandar a Bob Hope a animar las tropas, para después perder la guerra y dejar al país en manos de los comunistas, mientras que acá los militares libraron de ellos al país sin pedir un dólar, con cero soldados norteamericanos muertos y sin visita de Bob Hope a darles ánimo.
     
     Al contrario, los norteamericanos le dieron al "No" ¡bajo el gobierno de Reagan! millones de dólares para propaganda en el plebiscito, a través del "National Endowment for Democracy". Una intervención vergonzosa y que a lo mejor fue decisiva, pues antes de eso el "Sí" ganaba en varias encuestas. Ignoraron la verdad histórica en el mismo grado que la mayoría de los chilenos, que no sabían, por esa propaganda engañosa, que la democracia retornaría igual si ganaba el "Sí" o el "No", porque iba a haber las mismas elecciones, las mismas instituciones y las mismas garantías individuales para todos, después de 1990. Porque el gobierno del "Sí" así lo dispuso en la Constitución, que mejoró el país para todos, incluidos los que votaron "No".

     Por eso los del "Sí" también tenemos derecho a celebrar que en 1988 hubiera todavía más del 43 por ciento de acuerdo en todas esas cosas.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Mentiras Con Consecuencias Nacionales

Antes de viajar Piñera a los Estados Unidos, arriesgándose a que lo metan preso —allá la Securities and Exchange Commision (SEC) manda a la cárcel a los que operan en bolsa con información privilegiada, por lo que Piñera fue condenado acá a una multa en 2006. Ese hecho también fue delito en los EE. UU., porque se trataba de acciones que se transan en Nueva York. Y está probado en las grabaciones de la corredora Banchile, que conserva su ex gerente Francisco Armanet. Tal delito allá prescribirá sólo en 2026—  dijo dos grandes mentiras de trascendencia nacional.

La primera, que “todas las pruebas apuntan a que el Presidente Frei Montalva fue asesinado”. Afirmación malévola y falsa, desmentida por el doctor Luis Felipe Silva, hijo del principal acusado del inexistente asesinato, el doctor Patricio Silva Garín. Él escribió a “El Mercurio” de 23.08.18 que “eso no es así, ya que en los casi diez años transcurridos desde el procesamiento, se ha verificado que el peritaje que sugirió un asesinato con gas mostaza y talio fue desacreditado por expertos de la Universidad de Chile, y todos los nuevos peritajes descartan las presencia de dichos tóxicos en niveles significativos”.

Por añadidura, delatando adicionalmente esa mentira de Piñera, el día antes de la carta anterior, en el mismo “El Mercurio”, el doctor Eduardo Weinstein Varanovski, cirujano gastroenterólogo que participó en la segunda operación a Frei Montalva del 6 de diciembre de 1981, atribuyó la muerte del paciente a un “proceso bacteriano… sobre todo la escherichia coli que es un colibacilo controlado que vive en el intestino, pero en las obstrucciones aparecen otras cepas y otros gérmenes que se multiplican”. 

El doctor Weinstein dijo —y declaró ante el juez— que el ex Presidente tenía una obstrucción intestinal y ya eso lo constituía en un enfermo grave que debía ser operado de urgencia, pero su familia postergó cuatro días la intervención, para esperar al médico de la primera operación, Augusto Larraín, que estaba en Pucón y demoró ese tiempo en volver. El retardo fue la causa de la muerte.

Otra gran mentira de Piñera, y de trascendencia nacional, la dijo cuando declaró, con motivo del 11 de septiembre, que el Gobierno Militar había sido responsable de “graves, crueles, sistemáticas e inaceptables violaciones a los derechos humanos”. En sus declaraciones habituales suele emplear tres sinónimos, pero para las grandes mentiras emplea cuatro.

Esta última está desvirtuada por la historia real, que he vaciado en mi “Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990”, en que pruebo la circunstancia evidente de que el gobierno más vigilado, inspeccionado y presionado a respetar los derechos humanos entre esos años y en todo el mundo fue el régimen chileno, por lo que resulta absurdo pensar que pudiera ser un “violador sistemático” de tales derechos. 

Hasta el propio inspector designado por la ONU para comprobar la situación en Chile, el jurista costarricense Fernando Volio, llegó a declarar, en 1986, a raíz de la politizada condena anual en la ONU: “…la resolución fue política por parte de quienes la redactaron y también por parte de quienes la aprobaron. Y habría esperado más objetividad; por ejemplo, ellos deberían haber tenido en cuenta el terrorismo” (James Whelan, “Desde las Cenizas”, p. 819)

En 1988 el doctor Jean-Francois Bonnard, de la Cruz Roja Internacional dijo que “él podía entrar a cualquier prisión en Chile, en cualquier momento, para ver a cualquier prisionero. Él no tenía que concertar una cita ni avisar que iría” (Whelan, p. 668.)

Las grandes mentiras de los hombres públicos o los jueces politizados tienen grandes consecuencias. Si la justicia de izquierda falsifica los hechos y determina que Frei Montalva fue asesinado, Chile ya no volverá a ser igual, porque muchos creemos que el grado  de desvergüenza que se habrá alcanzado en el país ya no podrá ser superado ni remediado.

Pues ¿se han dado cuenta ustedes de lo diferente que habría sido la historia de Chile de estos años si los jueces hubieran respetado las leyes? Antes de que el marxismo se hubiera apoderado de la mayoría en la Corte Suprema regía la legalidad y, por ejemplo, en 2005 la Sala Penal absolvió al coronel Joaquín Rivera, comandante del regimiento de Angol, por haber dado muerte a dos extremistas que habían disparado contra su cuartel, afirmando, con los votos favorables de tres ministros de la Sala Penal, respetuosos de la legalidad, Nibaldo Segura, Luz María Jordán y José Fernández, que “no es posible aplicar las Convenciones de Ginebra sobre crímenes de guerra, debido a que no existen pruebas de que en 1973 había en Chile un estado de guerra; así como tampoco el Pacto de Derechos Civiles y Políticos, porque no se encontraba vigente en 1973. Además, no se consideró la Convención sobre Imprescriptibilidad de la ONU, que no ha sido suscrita por Chile”. (“El Mercurio”, 06.08.05, p.C13).

Si no hubiera existido después la mayoría de jueces de extrema izquierda del estilo de Brito, Juica, Muñoz, Dolmestch, Kunsemüller y Valderrama (estos tres últimos recientemente salvados de la destitución ¡con votos de la derecha!), no habría habido Presos Políticos Militares y ni siquiera habría existido un Penal de Punta Pesco ni el de Cordillera, lo que le habría impedido a Piñera cerrar este último para remontar en las encuestas en 2013 consiguiendo adhesiones comunistas.

Este sería un país muy distinto y reconciliado, sin presos políticos, con las leyes aplicándose de buena fe y sin que los grandes mentirosos nacionales se pudieran aprovechar impunemente de la estulticia de la mayoría de sus compatriotas, como lo hacen hoy.