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Camino al Cielo

sábado, 26 de agosto de 2017

Oración del Papa Francisco a Nuestra Señora del Santo Rosario



«Virgen del Santo Rosario, Madre del Redentor, mujer de nuestra tierra encumbrada por encima de los cielos, humilde sierva del Señor, proclamada Reina del mundo, desde lo profundo de nuestras miserias recurrimos a ti. Con confianza de hijos miramos tu rostro dulcísimo.

Coronada con doce estrellas, tú nos llevas al misterio del Padre, tú resplandeces de Espíritu Santo, tú nos donas a tu Niño divino, Jesús, nuestra esperanza, única salvación del mundo.

Brindándonos tu Rosario, tú nos invitas a contemplar su Rostro. Tú nos abres su corazón, abismo de alegría y de dolor, de luz y de gloria, misterio del Hijo de Dios, hecho hombre por nosotros. A tus pies sobre las huellas de los santos, nos sentimos familia de Dios.

Madre y modelo de la Iglesia, tú eres guía y sostén seguro. Haz que seamos un corazón solo y un alma sola, pueblo fuerte en camino hacia la patria del cielo.

Te entregamos nuestras miserias, los tantos caminos del odio y de la sangre, las mil antiguas y nuevas pobrezas y sobre todo nuestro pecado. A ti nos encomendamos, Madre de misericordia: obtennos el perdón de Dios, ayúdanos a construir un mundo según tu corazón.

Oh Rosario bendito de María, cadena dulce que nos anuda a Dios, cadena de amor que nos hace hermanos, no te dejaremos jamás. En nuestras manos serás arma de paz y de perdón, estrella de nuestro camino.

Y nuestro beso a ti, en nuestro último respiro, nos sumergirá en una ola de luz, en la visión de la Madre amada y del Hijo divino, anhelo de alegría de nuestro corazón con el Padre y el Espíritu Santo».


El Santo Padre, Francisco en su visita Pastoral a Pompeya-Nápoles, el 21 de marzo de 2015, en el lugar rezó la llamada “Piccola Supplica” (pequeña súplica) ante la imagen del Santuario de Nuestra Señora del Rosario y pronunció una súplica inspirada en una oración del Beato Bartolo Longo, fundador del Santuario.

Antes de dirigirse a Nápoles, el Pontífice saludó a los fieles presentes en la plaza del Santuario que estuvieron en una vigilia de oración toda la noche.

A ellos el Santo Padre les dijo: “¡Muchas gracias! Muchas gracias por esta calurosa acogida. Le hemos rezado a la Virgen para que nos bendiga a todos: a ustedes, a mí, a todo el mundo. Necesitamos a la Virgen, para que nos cuide. Y recen por mí, no se olviden. Ahora los invito a rezar todos juntos un Ave María y luego les daré mi bendición”.

Tomado de: ACI Prensa
Foto: ACI Prensa


viernes, 25 de agosto de 2017

Qué es la Liturgia de las Horas, Oficio Divino y su finalidad

El oficio divino es parte de la liturgia y, como tal, constituye, con la Santa Misa, la plegaria pública y oficial de la Iglesia.

El oficio divino (Liturgia de las Horas) es el conjunto de oraciones (salmos, antífonas, himnos, oraciones, lecturas bíblicas y otras) que la Iglesia ha organizado para ser rezadas en determinadas horas de cada día.

El oficio divino es parte de la liturgia y, como tal, constituye, con la Santa Misa, la plegaria pública y oficial de la Iglesia. Su fin es consagrar las horas al Señor, extendiendo la comunión con Cristo efectuada en el Sacrificio de la Misa. Quien reza el oficio hace un paro en las labores para rezar con la Iglesia, aunque se encuentre físicamente solo. Aunque sin duda es necesaria la oración privada, también es necesario que recemos formalmente unidos como Iglesia.

Los sacerdotes, religiosos y religiosas tienen obligación de rezar el Oficio Divino.

La Iglesia invita a TODOS a rezar la Liturgia de las Horas:

"Se invita encarecidamente también a los demás fieles a que, según las circunstancias, participen en la Liturgia de las Horas, puesto que es acción de la Iglesia. Código de Derecho Canónico [Canon 1174 § 2.]"

La Liturgia de las Horas se reza en diferentes "horas" del día.

Las principales son los "laudes", que se hacen por la mañana antes de comenzar las labores , y las "vísperas", al atardecer, cuando regresamos a casa. Cada una requiere solo unos 15 minutos y se pueden muy bien hacer en familia. ¡Le recomendamos que le pida a un sacerdote o religiosa para que le enseñe y se una a la oración de la Iglesia!

Ya los judíos desde antes de Cristo tenían la práctica de orar en horas establecidas. Jesús mismo, como judío piadoso, rezaba en estas horas. En la hora nona, mientras colgaba de la cruz, rezó las primeras palabras del salmo 22: "Dios mío, por qué me has abandonado"

Según las Sagradas Escrituras debemos orar sin cesar:

"(Jesús) les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer" (Lucas 18,1).

San Pablo enseña a vivir "perseverantes en la oración" (Romanos 12,12).
La Iglesia siempre ha enseñado la importancia de la oración continua. Los Hechos de los Apóstoles presenta el testimonio de los primeros cristianos: "Todos ellos perseveraban en la oración" (Hechos 1,14).

El oficio divino es la forma oficial de implementar en la vida diaria la "oración continua" de manera que se mantenga una perpetua comunión con Dios. El oficio, siendo oración hecha como Cuerpo de Cristo, es la misma respiración de la Iglesia y expresión de la vida cristiana que es unión con Dios.

Las horas del Oficio Divino

Estas horas se llaman "Horas Canónicas". Recuerde que no es necesario para los laicos rezarlas todas para participar de esta oración. Pueden reducir el oficio a estas dos horas: Los Laudes antes de ir a trabajar y las Vísperas al terminar los trabajos.

Maitines (la oración de la mañana) también llamadas (matutinae laudes o alabanzas matutinas). El nombre es del latín matutinus. La primera de las horas canónicas. Antiguamente se cantaban los maitines durante las primeras horas del día, poco después de la media noche.


Laudes, que significa "alabanzas". Es, con las vísperas, una de las horas principales. Consiste de un himno, dos salmos, un cántico del Antiguo o del Nuevo Testamento, una lectura corta de la Biblia, el Benedictus, responsorios, intercesiones, el Padrenuestro y una oración conclusiva.

"Horas Menores"
Prima: primera hora después de salir el sol, aprox. 6AM
Tercia: tercera hora después de salir el sol, aprox. 8AM
Sexta: sexta hora, aprox. 11AM
Nona: novena hora, aprox. 2PM

Vísperas: (viene de "vesper": tarde). Es el oficio de la tarde. Consiste de un himno, dos salmos, un cántico del Antiguo o del Nuevo Testamento, una lectura corta de la Biblia, el Magnificat de la Santísima Virgen, responsorios, intercesiones, el Padrenuestro y una oración conclusiva.

Completas: oraciones del oficio divino al acostarse.

En los monasterios suelen cerrar el oficio las antífonas de la Santísima Virgen María, costumbre que parte del siglo XIII

También se reza diariamente el Oficio de las lecturas que consiste en tres salmos y de dos lecturas, una de la Biblia y la otra de otra fuente, generalmente de los Padres, de los santos o de un documento de la Iglesia.

Historia

Durante la Edad Media el Oficio Divino se organizó partiendo principalmente de los monasterios benedictinos. En su regla, San Benito recomienda insistentemente a sus monjes que durante sus viajes no dejen pasar las horas de la oración. Debían rezar cada semana el salterio íntegro (los 150 salmos). Para rezar algunas horas, las "horas menores", no era obligación acudir a la iglesia, sino que, al escuchar la trompeta o campana, los monjes, interrumpiendo sus ocupaciones se ponían a orar en el lugar que se encontraban (como hacen los musulmanes). Para las "horas mayores", (maitines, laudes, vísperas), toda la comunidad se reunía en la iglesia.

A partir del siglo XII, por la influencia de los frailes menores (Franciscanos), que viajaban con frecuencia, se promulgó un libro abreviado (breviario) ya que era imposible llevar los numerosos volúmenes que se requieren en el monasterio. La actual forma del Oficio Divino fue promulgada por el Papa Paulo VI en 1970 en la constitución apostólica Laudis Canticum. Los textos y los arreglos de la liturgia de las horas fueron revisados de acuerdo a las directrices del Concilio Vaticano Segundo (Constitución sobre la Liturgia, IV, 83-101).

Organización del Oficio Divino

Como aparece en el Breviario, el oficio está dividido en:

El Propio del Tiempo, con lecturas bíblicas y homilías.
Solemnidades del Señor
El Ordinario (el orden regular cuando no hay una fiesta señalada)
El Salterio (salmos para las diferentes horas) que sigue un ciclo de cuatro semanas.
El Propio de los Santos, con secuencia de fiestas
Oficios Comunes, para las Misas votivas
El Oficio de los Muertos.
Un suplemento contiene cánticos y lecturas de la Palabra para las vigilias, pequeñas oraciones de intercesión, e índices detallados.
La revisión del Breviario desde el Concilio Vaticano Segundo prescribe:

Oficio de las Lecturas, Oración de Laudes (mañana), Oración del Día (optar por una de las menores), Oración de Vísperas (Atardecer) y Completas (Oración de la Noche). Estas incluyen las antífonas apropiadas, así como las oraciones, salmos, cánticos, himnos, y responsorios que aparecen en el breviario.

Para todo el clero, religiosos y religiosas, el Oficio Divino continúa siendo obligación formal. Su primer cometido es orar por el pueblo y en nombre del pueblo que se les ha encomendado. Lo ideal es que el clero rece con su pueblo en cuanto sea posible

Aunque no es obligación para los laicos, La Iglesia recomienda a todos los fieles que recen el Oficio Divino. San Pío X, en 1903 exhortó encarecidamente al pueblo cristiano a participar en el Oficio Divino. El Concilio Vaticano II confirmó esta recomendación que aparece también en el Catecismo de la Iglesia Católica:

#1196 Los fieles que celebran la Liturgia de las Horas se unen a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, por la oración de los salmos, la meditación de la Palabra de Dios, de los cánticos y de las bendiciones, a fin de ser asociados a su oración incesante y universal que da gloria al Padre e implora el don del Espíritu Santo sobre el mundo entero.

Aparece también en la actual ley canónica:

"Se invita encarecidamente también a los demás fieles a que, según las circunstancias, participen en la Liturgia de las Horas, puesto que es acción de la Iglesia." -Canon 1174

Fuente: Corazones.org

El desprendimiento emocional y la codependencia


Decimos que existe atadura emocional cuando una persona se encuentra aferrada emocionalmente a cosas negativas o patológicas de alguien que lo rodea; sea esposo, hijo, pariente sanguíneo o político, compañero de trabajo, etc. Esta codependencia se manifiesta de dos maneras especialmente: un entrometimiento en las cosas ajenas que no le conciernen y, también, asumiendo las responsabilidades del otro individuo, lo que propicia un comportamiento irresponsable de su parte.

Una de las primeras cosas que uno tiene que hacer cuando se va a curar de la codependencia es empezar el proceso del desprendimiento emocional. No se trata de distanciamiento físico, aunque en los casos de violencia extrema, hay que recurrir a él. Sino, más bien, de no aceptar conductas inadecuadas como: adicción a las drogas, agresividad extrema, actos de rebeldía y maltratos.

Es muy doloroso cuando uno tiene que aconsejar a un padre el desprendimiento emocional de un hijo, y que este lo confunda con desamor, desinterés o ignorancia del problema. La mayoría de las veces, los padres reaccionan mal porque piensan que se les está indicando que dejen a un lado el dolor que la situación les produce. ¡No se trata de eso! Ningún terapeuta puede quitar el dolor a nadie; pero sí le puede quitar la necesidad obsesiva de intervenir, o de pretender tomar el control de una situación que se le ha salido de las manos.

Las personas que están atadas emocionalmente a alguien se sienten responsables por cada una de las cosas que hagan o dejen de hacer los otros. Y piensan que pueden tener el control o pueden evitar que esa persona llegue a actos de irresponsabilidad como por ejemplo: drogarse o conducir en estado de ebriedad. El codependiente, entonces, se vuelve protector. Está siempre tratando de averiguar que pasará, dónde estará, con quien estará, que estará haciendo. Y deja de vivir su vida para vivir en función del otro. Esto afecta su entorno, sus relaciones sociales, familiares y laborales y, hasta su salud. Es un comportamiento patológico. Es una enfermedad.

Entrar en el proceso de desprendimiento emocional es indispensable para mejorar la autoestima de cualquier paciente, pero es necesario también, que esa disposición nazca de sí mismo. ¿Por qué? Porque ninguna persona puede empezar a trabajar autoestima, ni puede cuidarse, ni menos quererse, si primero no hace un distanciamiento de la persona que la está agrediendo. Y por mucho que se preocupe, por mucho que sufra, no va a lograr nada. No hay madre o padre que por medio de amenazas, lloros o ruegos, logre que su hijo deje su adicción a las drogas o las malas compañías. Por eso hay que aprender a desprenderse totalmente.

Una de las primeras cosas para empezar un desprendimiento emocional es tener conciencia de que uno está atado emocionalmente a alguien.

Desprenderse emocionalmente es no entrar en el juego, no prestarse para ser abusado, ni de palabra, ni de obra. Si usted ya conoce el problema, no se exponga, corte por lo sano. En muchos casos la solución esta en la oración. Dejar que Dios haga su obra. Él siempre tiene armas más eficaces que nuestras pobres fuerzas.

Nosotros tenemos que hacer nuestra parte y, muchas veces, nuestra parte es no hacer nada. O hacerlo de una manera positiva, diferente. Cambiar la estrategia: Mira fulano, ¿sabes qué? He asumido otra postura en mi vida. De ahora en adelante, no te voy a admitir ningún maltrato ni grosería. Te quiero muchísimo y estoy dispuesta a ayudarte en todo cuanto esté a mi alcance, pero no soportaré por más tiempo tu mala conducta. Tú sabes que necesitas una terapia, así que cuanto antes, mejor. Eso es desprendimiento. No hay lamentos, no hay reproches, no hay imposiciones. Das una solución pero al mismo tiempo, tomas distancia del problema.

Desprendimiento no es falta de amor. Desprendimiento es: ya no puedo con esta situación, ya no tengo ningún control sobre ese hijo, sobre ese marido, sobre ese problema. Por más que he tratado de ayudarlo no he podido. Cuando no se pueden cambiar las cosas que suceden a su alrededor, es más sano empezar a mirarlas de otra forma. Al cambiar la percepción de las cosas, logrará que ellas no lo maltraten y sacará provecho de ellas. Eso es crecimiento. Es el momento de empezar a trabajar con uno mismo y la única forma de lograr el cambio de los demás. Un cambio de actitud hace que las personas que nos rodean se movilicen hacia un cambio también, para tratar de amoldarse a la nueva situación. Esto es sano.

Si continúa atado emocionalmente, su vida se desbarata, porque tiende a vivirla desde la anormalidad del otro. Eso es precisamente codependencia. Y el tratamiento es el desprendimiento emocional. Los pasos para ese desprendimiento son:

1) Tomar conciencia del problema. Es darse cuenta de que está atada emocionalmente. ¿De qué manera me doy cuenta? Cuando el problema me envuelve todo el día y no dejo de pensar en él, cuando estoy siempre buscando la forma de resolverlo. Es decir, cuando mi mente, mi cuerpo, mi energía, están en función de una situación que atañe a otra persona, y no lo puedo evitar. Estoy viviendo en función de otra persona, y esto es desgastante, negativo, improductivo.

2) La determinación de una recuperación. Voy a recuperarme, cueste lo que cueste. Así tenga que curarme del amor, o del desamor.

3) Buscar ayuda. Espiritual y terapéutica. Porque, toda persona que se enrede en una atadura no está bien psicológicamente, y mucho menos lo está, quien se deja enredar. O sea que en este paseo hay dos enfermos: el que enreda y el que se deja enredar.

Aunque busque ayuda terapéutica, sin ayuda espiritual nadie puede lograr el desprendimiento emocional. Porque, los que son padres, saben cuan doloroso resulta separarse de un esposo y hacer el desprendimiento emocional correspondiente, cuanto más con un hijo. Resulta desgarrador. Dios es el Único que puede ayudar a pasar ese dolor. Al terapeuta se va una vez. Dios, en cambio, permanece siempre con nosotros, día y noche. Solo Él puede ayudar a desprenderse y sana la herida producida por el maltrato.

Recuerde: no hay amores genuinos hasta que no exista un amor propio verdaderamente sano. Si no nos amamos a nosotros mismos, no podemos amar a nadie y todo lo que demos a los demás será dañino, neurótico; solo servirá para ayudar a crecer la anormalidad de la otra persona.

El desprendimiento no se da de un día para otro, tarda mucho. Pero poco a poco se va logrando. No gaste su vida en cosas ajenas que no puede resolver, o que no le corresponde hacerlo. Esto no es falta de caridad. Mejor dicho, sí es falta de caridad (amor) con usted misma. !
Buena! Usted que se pasó el día y la noche, y tal vez la vida entera, ayudando inadecuadamente a una persona.

Esto significa que a la primera persona que usted tiene que ayudar adecuadamente, es a usted mismo, o a alguien que esté atado emocionalmente. Porque la persona codependiente, o la persona controladora, o la persona salvadora, tiende a actuar así con todo el mundo, y nunca deja un espacio para ella. Para cuidarse, para respetarse, para tenerse en cuenta, para decir no. Siempre tiende a subirse en el tren de cualquiera que esté mal. Esto demuestra su baja autoestima.

El remedio está, pues, en valorarse y en aceptar que por mucho que usted haga, no puede evitar el comportamiento inadecuado de la otra persona. Solo esa persona puede hacerlo y, casi siempre, dispone de los medios necesarios. Solo tiene que buscarlos. Solo tiene que querer hacerlo.

Pregunta del público

A una pregunta de una madre angustiada por el comportamiento rebelde de su hijo de doce años, que fue abusado por su padre desde muy pequeño con golpes y gritos, la doctora responde: La agresividad, solo genera más agresividad.

"Recuerden que, en los hogares disfuncionales donde ha habido mucha agresividad, la reacción "normal" de ese niño, pasado por patrones inadecuados, es de agresividad. Y la única terapia para eso es el amor. Con amor se consigue todo. Un adulto puede poner freno al daño que le están causando, un niño no. Si el niño solo recibe ofensas y maltratos, eso es lo que aprende; él no tiene filtro, no tiene defensa. Si encima, al comenzar a actuar como le enseñaron, los padres y maestros lo acusan constantemente por su mal comportamiento, lo único que van a generar en él es una mayor rebeldía. Él no puede entender por qué razón no puede actuar como lo hicieron sus padres.

Hay muchos niños abusados mal diagnosticados como Attention Deficient Disorder, y tomando Ritalin, porque para padres y terapeutas resulta mucho más fácil ponerle ese rotulo al niño, que sentar a los padres en el banquillo de los acusados y buscar la causa del problema. La solución a estos problemas de abuso es buscar ayuda. Con el sacerdote, con el terapeuta, con los distintos grupos donde le den apertura y se permeabilice para cambios. Para preguntarse: si estoy involucrado en esto, estoy sometido a una atadura emocional. ¿Quiero seguir ahí? O...!Quiero cambiar!

Nota: Este es el resumen de la charla que dio la Dra. Gómez en una iglesia en Miami, Florida, EE.UU. Se reproduce con su autorización. La Dra. es psiquiatra, psicoterapeuta y experta en violencia doméstica y codependencia.

Autor: . Dra. María Gómez | Fuente: Vida Humana.org

martes, 22 de agosto de 2017

Alertan sobre imágenes religiosas distorsionadas y amuletos


Animales en posiciones espirituales, figuras religiosas paganas como las deidades aztecas, las máscaras incas, estatuillas egipcias, collares con emblemas o símbolos de deidades adquiridos en un viaje al extranjero no son simplemente artículos decorativos o piezas de colección. Durante una reciente entrevista con El Visitante un ex santero converso al catolicismo alertó sobre estos objetos y recordatorios de viajes, entre los que se encuentran artesanías de dioses, amuletos y hasta imágenes religiosas distorsionadas. “Son peligrosos porque contaminan el hogar. Estos objetos atraen la presencia de lo que representan”, advirtió el ex santero converso a la fe católica hace 40 años.

Sobre estos amuletos disfrazados de recordatorios y objetos que se adquieren con la intención de atraer la llamada suerte, P. Aníbal Rosario Mercado, OFM Cap., aclaró que son producto de supersticiones y por lo tanto son idolatría. El primer mandamiento apunta a que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y estas prácticas opacan este anhelo de todo bautizado al infringir el primer precepto del decálogo.

Al mismo tiempo, el fraile capuchino indicó que entre las motivaciones usuales para adquirir estos amuletos se encuentran atraer suerte, salud, prosperidad y protección. Por el contrario, todo es una falsa ilusión porque el enemigo desea sacar al hombre de su única seguridad y esperanza: la Santísima Trinidad. En la misma línea, aunque parecen objetos inofensivos, invitó a deshacerse y sacar del hogar estos amuletos disfrazados como figuras de animales en posiciones extrañas, artesanías de deidades, sortijas, cuernos, herraduras o cualquier objeto ligado con la superstición como espejos, sales y otros.

A esto también se incluyen prácticas o rituales para invocar la llamada “suerte”. Concluyó que “solo hay que confiar en Dios” y frecuentar los sacramentos de la Confesión, la Eucaristía y las prácticas como el rezo del Santo Rosario, la Coronilla de la Misericordia u otros.

Por otro lado, comentó que las imágenes religiosas con rostros extraños, deformados, sonrisas exageradas o posturas muy distintas a las habituales han llegado a las tiendas por departamento. Algunas de ellas incluso están asociadas a la práctica del sincretismo; otras no guardan fidelidad a la fe y tradición católica, como los rosarios con menos cuentas y velones con imágenes distorsionadas.

Para P. Aníbal Rosario esto es una realidad con la que recientemente ha tenido que lidiar. “Hoy día se venden objetos religiosos en todas partes. Tenemos que tener cuidado cuando compramos artículos religiosos fuera de una librería o tienda católica. Hay muchos rosarios, crucifijos o imágenes de la Virgen o de los santos con deformaciones, con rostros distorsionados”, articuló el capuchino.

En algunos casos se ha topado con que estas imágenes no sagradas se encuentran cargadas con amuletos ocultos. El fraile alertó de esta realidad y exhortó a los fieles a adentrarse más en los tres pilares de la fe, desechar estos objetos, evitar cualquier práctica supersticiosa y adquirir las imágenes u objetos religiosos en las librerías y tiendas católicas.

Por Padre Aníbal Rosario
Periódico Católico: El Visitante

La oración a María Reina -Salve Regina-


La oración que más refleja a María Reina, es la ‘Salve o Reina’. Fue escrita a inicios de la Edad Media, quizás por una persona con discapacitada llamada Hermann von Reichenau, llamado ‘el deforme’.

Durante algún tiempo fue atribuida a Bernardo de Claraval; ahora se sabe que éste sólo añadió la invocación final: Oh clemens, o pia / o dulcis, Virgo María; también se ha atribuido al Obispo de Compostela Pedro de Mezonzo, al de Le Puy en Velay Ademar de Monteil, al Monje alemán Hermann Von Reichenau, e incluso al Obispo legendario de Segovia San Jeroteo.

Los Cistercienses, los dominicos y los Franciscanos promovieron su uso en diversas circunstancias (en especial en la liturgia de las horas). En 1250 Gregorio IX la aprobó y prescribió que se cantara al final del rezo de las Completas. Los monjes la cantaban antes de dormir y los monjes de la orden de Predicadores la recitaban en procesión con velas encendidas.

Diversos autores cristianos han elaborado comentarios para esta oración; entre ellos destacan: Bernardo de Claraval, Anselmo de Lucca, Pedro Canisio, Francisco Coster y Alfonso María de Ligorio.

La gran variedad de representaciones de la Virgen y la devoción existente en cada lugar donde se venera ha generado la creación de una “Salve” particular según la advocación del lugar.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.

A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.


Amén.

sábado, 19 de agosto de 2017

Santuarios Marianos


Para poder conocer el significado teológico del Santuario, se requiere ir más allá de los aspectos visibles y artísticos del mismo. Hemos de cuidar la materialidad del Santuario y de la Ermita, pero aquí no termina nuestra preocupación y servicio a favor del santuario.

¿Qué medios tenemos para conocer el significado del Santuario?

Estos medios imprescindibles son la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la meditación... A través de ellos llegamos al corazón del misterio del Santuario.

Digamos, para empezar, que todo Santuario es: "memoria de la obra salvadora de Dios en la humanidad y en la historia", "lugar de la presencia de Dios entre los hombres" y "profecía de la Patria celestial".

Mons. Santiago García Aracil explica esta descripción así: "Todo Santuario es memoria (de la manifestación de Dios a través de un acontecimiento que se guarda en el recuerdo como hecho sagrado); es profecía (que expresa el mensaje de salvación que Dios ofrece a quienes se acercan a este lugar de encuentro con Espíritu abierto y dócil, creyente y esperanzado) ; es presencia (porque en el santuario Dios obra la salvación a través de las acciones sagradas que en él tienen lugar, y de la penitencia y oración de los fieles)" (Pontificio Consejo para la pastoral de las migraciones: El Santuario, 3).

Lo que vamos a escribir a continuación será el desarrollo de esas dimensiones tan importantes.


 El Santuario Mariano, lugar de encuentro con Dios

"El Santuario recuerda el don de un Dios que nos ha amado tanto, hasta el punto de colocar su tienda entre nosotros para darnos la salvación, para ser nuestro compañero en la vida, solidario con nuestro dolor y con nuestra alegría" (Pontificio Consejo para las migraciones, "El Santuario", 6).

Los Santuarios "han sido o han querido ser siempre y en todas partes signos de Dios, de su irrupción en la historia humana" (Juan Pablo II). Son, pues, lugares donde las personas acuden con una disposición abierta al encuentro con Dios desde su sencillez, desde sus tradiciones y desde su formación cristiana (Mons. Santiago García Aracil).

De esta forma, los santuarios se convierten en "una antena permanente de la Buena Nueva de nuestra salvación" (Juan Pablo II) para muchas gentes que acuden a ellos por diversos motivos y siempre con un alma religiosa y creyente.


Por eso, al Santuario hay que entrar con espíritu de adoración y asombro, con un sentimiento de maravilla ante Dios y su gracia que nos precede siempre. En consecuencia, la alabanza al Dios grande, la gratitud al Dios bueno, y el compromiso de conversión ante el Dios Redentor, deberán constituir momentos importantes de la actitud religiosa y celebrativa en el Santuario (Mons. Santiago García Aracil).

El Santuario testimonia que Dios es más grande que nuestro corazón y que el santuario hecho de materiales de este mundo; que Dios nos ha amado siempre y nos ha dado a su Hijo y al Espíritu Santo, porque quiere habitar entre nosotros y hacer de nosotros su templo.

El Santuario es un recuerdo permanente de Dios en la ciudad.

Entramos en el santuario, ante todo, para ser acogidos por el Señor y recibir su gracia y amor; para darle gracias ,conscientes de que hemos sido amados por El antes de que nosotros fuéramos capaces de amarlo; para expresar nuestra alabanza al Señor por las maravillas que ha hecho en nosotros y por nosotros; para pedirle perdón por los pecados cometidos; para implorar el don de la fidelidad en nuestra vida de creyentes y la ayuda necesaria para nuestro peregrinar en el tiempo sin perder el horizonte del Reino de Dios.

La Virgen María es "modelo excelso"(LG 54 y 65).

María es la mujer que está habitada y constituida por un misterio que sólo ella conoce: la presencia inmediata de Dios en ella. En la sencillez de Nazaret, María vive en la presencia inmediata de Dios. Ella es la celebrante silenciosa del misterio de Dios.

Contemplando a María, podemos comprender que el santuario es el lugar de la acogida del don que viene de Dios, la morada en la que nos dejamos guiar por el Señor, siguiendo el ejemplo de María y con su ayuda.

El santuario nos recuerda que la vocación de la vida no ha de ser disipación, aturdimiento o fuga, sino alabanza, paz y alegría. El santuario nos mueve a vivir la dimensión contemplativa de la vida en todas partes.


¡Cuántas personas se han dirigido a un santuario por curiosidad, como visitantes, y han vuelto a sus casa transformadas y renovadas, porque allí escucharon una palabra que las iluminó"! (Juan Pablo II).

En el Santuario ha de resonar el Magníficat de María, en el que la Iglesia encuentra vencido de raíz el pecado del comienzo de la historia terrestre del hombre y de la mujer, el pecado de la incredulidad o de la poca fe en Dios y en el que María proclama con fuerza la verdad no ofuscada sobre Dios: el Dios santo y todopoderoso, que desde el comienzo es la fuente de todo don, aquel que ha hecho obras grandes" (RM 37).

Es, por tanto, indispensable que en el santuario haya "agentes pastorales capaces de iniciar a la gente en el diálogo con Dios y en la contemplación del Misterio inmenso que nos envuelve y nos atrae...La pastoral en los santuarios ha de tender a que los fieles acudan con la convicción de que lo mejor es alcanzar "LA GRACIA" en lugar de "otras gracias" (Pontificio Consejo para la pastoral de las migraciones: El Santuario, 11).

El Santuario, lugar de la celebración del Misterio de Dios

En todos los Santuarios Marianos se debe fomentar con esmero la vida litúrgica principalmente mediante la celebración de la Eucaristía y de la Penitencia.

Los sacramentos son encuentros de salvación con el Dios vivo que, en el Espíritu, llega a cuantos acuden a Él, hambrientos y sedientos de su verdad y de su paz. Cuando celebramos un sacramento, no "hacemos" algo, sino que nos encontramos con Alguien, que es Jesucristo, que se hace presente en la gracia del Espíritu para comunicarse a nosotros y cambiar nuestra vida, insertándonos de manera cada vez más fecunda en la Iglesia.

Digamos unas palabras sobre la Eucaristía y la Penitencia

A) La celebración de la Eucaristía

La Eucaristía es el corazón de la Iglesia. No se edifica ninguna Comunidad cristiana si no tiene como quicio y eje a la Eucaristía.


En los Santuarios se celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, presencia real y verdadera del Señor, banquete de los hijos de Dios y prenda de la vida eterna.

Esta Eucaristía ha de ser para todos los que participan en ella fuente de una vida entregada a Dios como ofrenda y regalada a los demás como servicio. Así producirá frutos de santidad en los que participan en ella, de forma activa, consciente y espiritual.

El Sacerdote ha de destacar el profundo vínculo existente entre el culto a la Eucaristía y la devoción a la Santísima Virgen, ya que "María guía a los fieles a la Eucaristía"(Juan Pablo II: "Redemptoris Mater,n. 44).

B) El sacramento de la reconciliación

Con frecuencia, el peregrino llega al santuario particularmente dispuesto a pedir la gracia del perdón, y hay que ayudarle a abrirse al Padre, "rico en misericordia" (Ef.2,4), que en el sacramento de la penitencia le ofrece como al Hijo Pródigo, su abrazo de amor y de perdón. El perdón concedido de forma gratuita por Dios implica como consecuencia un cambio real de vida, una progresiva eliminación del mal interior, una renovación de la propia existencia.

En este sentido, afirmamos que los santuarios son "las huellas de la gran bondad del Señor para con nosotros", "los signos salvíficos del Dios que nos ha vivificado", "los recuerdos de la misericordia del Seño para con nosotros" (S. Gregorio de Nisa).

Los Santuarios están llamados a ser lugares de grandes conversiones.

También encontramos aquí a María. En efecto, la misericordia es una prerrogativa mariana, por lo que María es invocada por los cristianos como como madre de misericordia. Ella nos orienta al sacramento de la misericordia de Dios.

El Santuario implantado en el corazón de la Iglesia

Los Santuarios son como señales que orientan y guían el caminar de los cristianos por este mundo hacia la Casa del Padre, "promoviendo la experiencia de convocación, encuentro y construcción de la comunidad eclesial" (Pontificio Consejo para las migraciones.

El Santuario:
 
Todos los Santuarios, por tanto, deberán estar abiertos y en comunión con la Iglesia Particular, o Diócesis, presidida en el amor por el Obispo.


De aquí se derivan una serie de compromisos para todos:

Los objetivos pastorales y las grandes necesidades de la Diócesis han de encontrar acogida y respuesta generosa en las Cofradías y en los peregrinos. De este modo, favorecen la apertura real y verdadera a la Diócesis.

Los Santuarios están llamados a prestar un valioso servicio a la Iglesia Diocesana, cuidando la proclamación de la Palabra de Dios, celebrando de forma digna los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía, promoviendo una intensa vida espiritual y ayudando a los fieles a comprometerse en la transformación de la sociedad según el designio de Dios.


En el Santuario, cada uno puede discernir y madurar la propia vocación y hacerse disponible para realizarla al servicio de la misión de la Iglesia, que se hace cercana a los hombres y mujeres a través de las Parroquias, donde se integran y se articulan las diferencias humanas en la comunión eclesial (AA 10).

Las Juntas y Cofrades han de participar, de acuerdo la normativa vigente, en los organismos de comunión y de corresponsabilidad de la Iglesia Diocesana.

Por todo ello, en los santuarios se ha de promover la integración de los fieles en la vida de la Parroquia y de la Diócesis.

María, Madre e Imagen de la Iglesia, nos pide que vivamos la comunión eclesial potenciando el "afecto eclesial". Por ello, no vivamos de espaldas a la vida y misión de la Diócesis, de la Parroquia.

 El Santuario Mariano, lugar de evangelización

Para responder hoy a los nuevos desafíos de la secularización, es necesario que los Santuarios sean lugares de evangelización, auténticas ciudadelas de la fe, en el sentido global que esta palabra tenía en labios de Jesús cuando decía: "convertíos y creed en el Evangelio" (Mc.1, 15), y recuerdan Pablo VI en la "Evangelii Nuntiandi" y Juan Pablo II en la "Redemptoris Missio".

Los responsables de la pastoral de los Santuarios han de cuidar encarecidamente la acogida, la hospitalidad y el servicio generoso a todos aquellos que se acercan a estos centros devocionales (Obispos del Sur de España: "Hermandades y Cofradías", Carta Pastoral colectiva,1988). Es el requisito previo para la pastoral.

El Santuario debe ser siempre espacio evangelizador y origen de caminos misioneros.

El cófrade y el peregrino están llamados a comunicar a otros la experiencia que han vivido en el camino y en el Santuario, como los discípulos de Emaús. Ellos han de transmitir, como testigos, en la familia, en la comunidad cristiana y en la sociedad lo que han visto y oído.

Los Santuarios Marianos son lugares excelentes para transmitir la fe y para hacer efectiva la nueva evangelización, a la que con tanta frecuencia nos llamaba san Juan Pablo II, con ardor apostólico, con atrevimiento evangélico y con fortaleza de ánimo.

En este sentido, los Sacerdotes y las Cofradías -Juntas y Cofrades- al unísono han de fomentar la renovación de los Santuarios para que sean cada vez más:

Lugares donde resuene con fuerza y claridad la Palabra de Dios, ámbitos en los que se renueve la religiosidad popular.

Espacios donde se promueva una adecuada formación mariológica según el Concilio Vaticano II y las Encíclicas "Marialis Cultus" (Pablo VI) y "Redemptoris Mater" (Juan Pablo II).

De la mano de la Santísima Virgen María, "estrella de la evangelización" (EN 82), potenciemos la acción evangelizadora y catequizadora en los Santuarios. El encuentro comunitario y personal con María impulsará a los peregrinos a anunciar con la palabra y el testimonio de vida "las maravillas de Dios" (Hech.2,11).

El Santuario, lugar de propuesta vocacional

El Santuario es también el lugar idóneo para la promoción de las vocaciones de especial consagración: Sacerdotes, Religiosos, Religiosas.

María es ejemplo y modelo para estas vocaciones.

En los tiempos actuales, vivimos una crisis de vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras, que a todos preocupa.


La intercesión de María y el modelo de vida que de ella nace siguen siendo la propuesta más incisiva de las vocaciones de consagración especial para los hombres y mujeres de hoy, que creen en Dios y se sienten movidos a una entrega total en el servicio de la Iglesia.

María recibió a través del anuncio del Ángel la llamada e invitación de Dios para ser la Madre del Verbo Encarnado, el Señor y el Mesías. Y María respondió generosamente con unas palabras sencillas y hermosas: "Hágase en mí según tu voluntad". De esas palabras brotó un bien inmenso para la humanidad y para el mundo.

María se convierte así en modelo de toda vocación en la Iglesia.

El Santuario, lugar de la caridad

¿Podremos ser felices en un mundo donde tantos seres humanos pasan hambre?

Un pensador español decía que "el tema ético de nuestro tiempo es la pregunta de si puede considerarse verdaderamente bueno el hombre que acepta, cuando menos con pasividad y con su silencio, una situación social tan injusta" (López Aranguren).

Nadie duda de que Jesús estuvo cerca de los pobres, que los acogía y los ayudaba. Pero hay algo mucho más significativo: Jesús se puso de parte de los pobres.

En fidelidad a Jesús, la Iglesia "ha de testimoniar la radical novedad del Evangelio promoviendo la comunión de bienes y el amor preferencial por los más pobres" (Programa Pastoral Diocesano/ Coria-Cáceres).

Por ello, hemos de esforzarnos en vertebrar de forma coherente la relación caridad-justicia-derechos humanos, o la relación asistencia-promoción personal-reinserción social, tareas que hoy se exigen al amor cristiano, si éste ha de ser creíble.

"De nada serviría vivir "el tiempo del santuario", si eso no nos impulsara "al tiempo del camino", al "tiempo de la misión" y al "tiempo del servicio" en los que Dios se manifiesta como amor a las criaturas más débiles y pobres" (Pontificio Consejo para las migraciones. El Santuario,6).

La Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del "Magníficat", renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva y que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes que, cantado en el Magníficat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús" (Juan Pablo II: "Redemptoris Mater",n.37).


Por eso, el Santuario ha de ser cada vez más el lugar en el que se escuche el clamor de los pobres y al que se responda con autenticidad y generosidad, construyendo la civilización del amor y mostrando la compasión activa que no es discurso sino vida, acción. En el camino del amor y del servicio nunca es bastante lo que hacemos. La hondura del corazón nos descubre el gozo de servir.

Sería bueno que cada Santuario por sí mismo, o varios Santuarios en colaboración, ayudaran a los necesitados o colaboraran con las Instituciones caritativas ya existentes que intentan dar una adecuada respuesta a grandes problemas de nuestra sociedad; el SIDA, la droga, la atención a la tercera edad, el problema de los sin techo, los inmigrantes sin papeles...

Como resumen de este apartado, es bueno traer a aquí las palabras de nuestros Obispos:

"Sólo una Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberación, por su dignidad y su bienestar, puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje evangélico. Bien puede afirmarse que el ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza y del dolor, de la marginación y de la opresión, de la debilidad y del sufrimiento" (Conferencia Episcopal Española: "La Iglesia y los Pobres", n.10).

Sólo una solidaridad real y efectiva, como expresión del amor auténtico a los más pobres, que abarque desde el compartir hasta la denuncia profética, desde la defensa de los derechos fundamentales de los pobres hasta el compromiso de cada cristiano en toda la acción social que tenga como objetivo la justicia y la erradicación de la pobreza; sólo esta solidaridad real será creíble en nuestra sociedad.

 El Santuario, profecía de la Patria celestial

El Santuario es también profecía del Reino de los cielos.

No tenemos ciudad permanente aquí, sino que buscamos una ciudad nueva, última y definitiva, que es el Reino de Dios, "donde ya no hay dolor ni llanto, ni enfermedad ni muerte", sino "alegría y paz, vida y santidad".


La comunidad cristiana que celebra a Dios en el santuario recuerda que es Iglesia peregrina hacia la Patria prometida, y que no puede instalarse en este mundo.

Cada vez que la Comunidad de los creyentes se reúne en el santuario, trae a la memoria y al corazón otro santuario no hecho con manos humanas: la ciudad futura, la Casa de Dios a donde se ha ido Jesucristo para prepararnos sitio, porque Él quiere que estemos nosotros donde Él está. Un día vendrá y nos llevará con Él.

La Virgen María, que nos precede como imagen de la Iglesia triunfante y gloriosa, ya está gloriosa en el Cielo. En efecto, "la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemeje de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte" (RM 41).

Ahora bien. María no se ha desentendido de la humanidad en el cielo. Antes bien, "asunta al cielo, ella no termina aquel servicio suyo salvífico, siempre dependiente de Jesucristo, en el que se manifiesta la mediación materna, "hasta la consumación perpetua de todos los elegidos" (LG 62).

De este modo, María es signo de una esperanza que no defrauda (Rm.5,5), que llena el corazón de alegría y nos da fuerzas para perseverar en medio de las dificultades de la vida.

Esta esperanza en el Reino de los cielos no aleja al hombre de sus compromisos en la transformación del mundo, antes bien en ella se funda la vocación ético-política de los creyentes a ser, en la historia, conciencia evangélicamente crítica de las propuestas humanas, y a actuar incesantemente como levadura (Mt.13,33) con vistas a una sociedad más justa y más humana, sabiendo que los mejores logros alcanzados no son sino humildes signos del Reino de Dios.

Por eso, en el Santuario se debe invitar y estimular a vivir y a actuar como fermento crítico y profético en este mundo y a renovar la vocación del cristiano a vivir en el mundo, sin ser del mundo (cf.Jn.17,16).

El Santuario ha de ser cada vez más lugar donde se eduque en los valores éticos, en particular, la justica, la solidaridad, la paz y la salvaguarda de la creación para contribuir al crecimiento de la calidad de la vida para todos.

El Santuario Mariano, lugar de empeño Ecuménico

El camino de la Iglesia, de modo especial en nuestra época, está marcado por el signo del ecumenismo; los cristianos buscan las vías para reconstruir la unidad, por la que Cristo invocaba al Padre..."que todos sean uno" (Jn.17,21).

El compromiso ecuménico puede hallar en los santuarios un lugar de promoción excepcional, puesto que en ellos se favorece la conversión del corazón y la santidad de la vida que son "el alma de todo el movimiento ecuménico" (UR 8).

María se encuentra en todos los caminos de la Iglesia; también en el camino de la unidad de todos los cristianos, y ocupa un lugar muy importante en el Ecumenismo.

Los Santuarios Marianos son lugares de encuentro ecuménico y de oración por la unidad de los cristianos:

"¿Por qué no mirar hacia María todos juntos como a nuestra Madre común, que reza por la unidad de la familia de Dios y que "precede" a todos al frente del largo séquito de los testigos de la fe en el único Señor, el Hijo de Dios, concebido en su seno virginal por obra del Espíritu Santo?" (RM 30).

 El Santuario y la ecología

La mayoría de los santuarios están ubicados fuera de las ciudades, en plena naturaleza, en lugar solitario, agreste. "Hay una profunda comunión entre santuario y paisaje. La naturaleza nos habla de Dios, de modo silencioso; el santuario significa también esa manifestación cósmica de Dios con palabras hechas piedra que nos hablan de modo eficaz y profundo de Dios" (Directorio de pastoral de la religiosidad popular y evangelización. Diócesis de Jaén,1995).

Este hecho facilita la proclamación y la experiencia de Dios creador, providente, magnánimo, origen de la belleza...


La pastoral de los santuarios se constituye así en un caudal formidable para la orientación de la sensibilidad ecológica y para la educación en el valor de la Vida humana, nacido o no, socialmente útil o no, puesto que es la cumbre de la creación divina.


Por: Padre Florentino Muñoz Muñoz 

miércoles, 16 de agosto de 2017

Mientras el Mundo Gira–El Padre Nuestro -1


Les presentamos al Padre Willie Peña, en varios de sus programas en EWTN, "Mientras el Mundo Gira", explicando frase a frase sobre la bella oración del Padrenuestro, en cada video. Interesantísimo y muy edificante.