Reivindicando a los pioneros televisivos

sábado, 16 de marzo de 2019

Felipe vs Aznar. Round 1


Era el 24 de mayo de 1993. Por fin se organizaba el primer debate electoral televisado en nuestro país. Con mucho retraso con respecto no sólo a EEUU sino también con otros países europeos, sí, pero nuestra historia democrática no había permitido muchos alardes en este sentido y una vez "asentada" y tras una época en la que en los platós se discutía sobre todo y entre todos en un ambiente de franca competencia pero de cierto respeto (recordemos ejemplos clarísimos como "La clave", "Cara a cara" o "Debate"), los políticos habían cogido miedo a eso de enfrentarse ante las cámaras. Pero aquel año el candidato del PP, José María Aznar, no tenía nada que perder y el del PSOE, Felipe González, necesitaba una limpieza de imagen. El presidente del Gobierno pensaba que aquel contendiente sería fácil de lidiar y podría demostrar, una vez más, que sabía cómo encandilar con sus palabras. Eran los responsables máximos de los dos partidos mayoritarios, a Julio Anguita (Izquierda Unida) ni siquiera se le invitó a la fiesta.


Aquel era el momento preciso y tras muchas negociaciones se empezó a vislumbrar la posibilidad de que esa vez habría batalla verbal. Pero no iba a ser en el escenario lógico, la televisión pública. Fueron las privadas las que se llevaron el gato al agua (¿en compensación de qué?) y, por lo tanto, deberían ser dos encuentros y no sólo uno. Valerio Lazarov quería que el primero fuera en Tele 5 (así se escribía entonces) pero alguien le convenció de que el segundo tendría más audiencia. Finalmente sería Antena 3 la que organizaría esa primera cita y la titularon tal cual, "El Debate", ¿para qué darle más vueltas? Lo moderaría Manuel Campo Vidal, que había sido director de los informativos de la cadena hasta ese mismo año pero que ya estaba inmerso en la creación de su Canal Internacional. 


Jesús Hermida presentó el programa previo en el que se explicaban las arduas negociaciones que habían sido necesarias para llegar a ese punto. Los asesores de ambos partidos habían estipulado una cantidad absurda de exigencias que despertaron el morbo de la audiencia. Nos enteramos de que el estudio debía tener una temperatura de 20º para que los contendientes no pasaran frío pero tampoco calor y evitar así el riesgo de sudar (habían aprendido del error de Nixon contra Kennedy). La altura de las mesas y las sillas también fue medida, la colocación de las cámaras y, por supuesto, de las luces. El decorado no debía tener colores fuertes que distrajeran la atención ni tener nada que recordara mínimamente a los símbolos de cualquiera de los dos partidos. Vimos en aquel especial cómo los pintores del estudio daban los últimos retoques ante los encargados políticos tras las pruebas de cámara. En realidad eso se debió a que los consejeros socialistas al ver que predominaba el azul exigieron que se difuminara porque aseguraban que era una clara alusión al color del partido contrario. 


El fondo que tendría cada uno de los rivales sería similar, se combinaban los azules, los verdes y los amarillos sobre un ciclorama en el que un relieve con el logo de la cadena destacaba en el plano medio pero se perdía en el primer plano. Estaban enfrentados pero no frente a frente, las tres mesas formaban un triángulo que también recordaba al logo pero que, sobre todo permitía una mejor realización. Sin embargo, nadie tuvo en cuenta un detalle: si uno de los debatientes decidía dirigirse al presentador en vez de a su adversario se producía un salto de eje, es decir, que si se pinchaban los planos de uno y otro seguidos parecía que José María estaba a la izquierda de Felipe y no enfrente y viceversa. Desgraciadamente esa situación se produjo varias veces y encima daba la impresión de que no querían verse las caras. 


Olga Viza tomó el relevo de Hermida, que estaba en el control de realización, desde la entrada al plató. Ella fue retransmitiendo la llegada de los aspirantes a la presidencia desde un atril, explicando que antes tenían que pasar por maquillaje y que además dispondrían de un tiempo en sus respectivos camerinos para los consejos de última hora de sus asesores. El protocolo de llegadas y de reparto de turnos había sido estipulado previamente incluidas las pausas para la publicidad que serían aprovechadas para nuevas consultas, como si aquello fuera un ring y los consejeros sus sparrings. La entrada al estudio fue de una gran emoción, un momentazo televisivo. La grúa captó la entrada de los oponentes y a toda velocidad nos mostró que aquel ruido extraño que escuchábamos en casa se debía a la multitud de fotógrafos que habían sido acreditados para captar el histórico encuentro. Olga daría paso a una primera pausa que serviría para desalojar del plató a los periodistas gráficos, en el estudio sólo se quedarían los técnicos imprescindibles para no "desconcentrar" a los políticos, todo era tan emocionante como exageradamente solemne. Y acartonado, pero eso lo sabríamos después. 


El debate estaba dividido en cinco bloques: nacional, internacional, social, económico y educativo. Los tiempos estaban medidísimos y el moderador apenas podía intervenir, simplemente repartía turnos y controlaba que los tiempos se igualaran. Después de tanto esperar, el público, el votante en definitiva, se sintió un poco engañado, aquello no era un debate, era un monólogo por parte de cada uno de ellos y el presentador ni siquiera podía hacer su trabajo y redirigir, repreguntar. Pero como no estábamos acostumbrados, aquello ya nos pareció un avance. Hubo destellos de un verdadero debate cuando González y Aznar se salían de su papel. La ofensiva inesperada del líder del PP ante un desprevenido (y después supimos que agotado) dirigente del PSOE nos hizo vislumbrar sus verdaderas personalidades. 


9,6 millones de espectadores siguieron el combate dialéctico, un récord para la cadena que sería superado una semana después en Tele 5. Al finalizar Felipe se apresuró a acercarse a su oponente para darle la mano, un gesto que no parecía estar previsto puesto que al realizador le pilló desprevenido con un plano general y con Campo Vidal acercándose a ambos y tapando el apretón. Del siguiente round, ya hablaremos... 


martes, 12 de marzo de 2019

Gila en los 60, de España a Sudamérica y viceversa

Gila durante una intervención en "El maravilloso mundo de Virginia Luque" en el Canal 13 de Argentina

   
Gila era un genio. Eso es indiscutible. En el humor fue moderno, transgresor y por eso sus monólogos han sobrepasado la línea del tiempo. Da igual que ya no haya teléfonos de baquelita, sus historias siguen haciendo gracia a los que las han oído mil veces pero también a aquellos que las descubren por primera vez. De Don Miguel sabemos muchas cosas y también ignoramos muchas otras. En estos días en los que muchos dominicales, diarios y revistas bucean en su historia aprovechando que hoy 12 de marzo se cumplen 100 años de su nacimiento, comprobamos que en realidad desconocemos la vida este zamorano. Como buen genio era un ser complicado y siempre supo qué debía contar en cada momento. Se dice, por ejemplo, que en 1962 se autoexilió a Sudamérica harto de la Dictadura y que por eso estuvo prohibido hasta que regresó ya a finales de los setenta. Bien, parece que eso no es del todo cierto.
   A principios de los sesenta, Miguel Gila era una estrella del humor en España, gracias a sus intervenciones radiofónicas, sus viñetas en "La Codorniz", sus intervenciones en el cine desde mediados de la década anterior y... sí, también por sus actuaciones en una incipiente TVE. No era extraña su presencia en programas como el estelar "Gran Parada". Por eso en junio de 1960 estrenó su propio programa en la noche de los viernes. Su título era tan simple como claro: "Gila", ni más ni menos, no era necesario añadir adjetivos para saber que él era la estrella y que la audiencia sabía quién era. Se anunció como una serie de diez programas de 15 minutos de duración. La revista de los suscriptores de TVE, "TeleRadio" anunciaba su emisión para las 23 h pero en julio desaparece de la programación para dar paso a otros programas veraniegos, en concretó a "Kermesse", presentado por Toni Leblanc y del que ya hemos hablado aquí. En todo caso, no es cierto por tanto que el famoso humorista estuviera vetado por aquel entonces. 
   En 1962, efectivamente, ya está asentado en Argentina y los españoles tienen noticias de él precisamente por la revista citada que con henchido orgullo anuncia que uno de los colaboradores más reconocidos de TVE también triunfa en otros países. Da cuenta de su éxito en el programa "El maravilloso mundo de Virginia Luque" donde debutó con la parodia de una corrida de toros. En junio del año siguiente la prensa informa de su retorno a nuestro país quejándose de que en Argentina los patrocinadores de su último programa aprovechaban que era grabado para interrumpir sus monólogos en los mejores momentos para insertar publicidad. Por eso, asegura, decide rescindir el contrato y regresar aquí: "Probablemente llegue a un acuerdo con TVE para hacer una serie de programas. Te aseguro que tengo toda mi ilusión puesta en ello, vengo muy preparado, con muchas cosas nuevas. Quisiera mostrarlas en mi tierra". En ese mismo reportaje de A. López Alonso para "TeleRadio" nos encontramos con una perlita que hay que poner en cuarentena como todo lo que aparecía en la prensa durante la Dictadura: 
"Gila se declara franquista". Es el titular de otro de los periódicos que me enseña Miguel, parece ser que en todas las ruedas de prensa que los actores españoles tienen por tierras americanas, en todas las entrevistas ha de surgir el tema sempiterno de la España intencionadamente incomprendida. 
- Siempre tenía que defender algo, como que parece que voy a hacer política.
- ¿Y este titular?
- Me preguntaron cosas. Muy peregrinas todas. Por ejemplo: "¿Es verdad que en España no se come carne?". Yo dije: Sí, es cierto, se la echamos a los leones porque todos nosotros comemos mariscos.

Gila volvió a Argentina pero también a Chile, Perú... y mientras tanto viajaba a su país con cierta periodicidad, por eso en el Archivo de TVE se conservan actuaciones suyas de 1970. No obstante, sería con su fichaje por "Aplauso" a finales de los setenta cuando su regreso ya sería definitivo y un nuevo público se enganchó a sus diálogos solitarios. 

jueves, 7 de marzo de 2019

Isidoro Fernández, la voz regia que tuvo que aguantar a la Bruja Avería


De voz imperial de la radio a locutor fijo de la tele. De compartir micrófono con las estrellas de los micrófonos de los 50 a lidiar con la Bruja Avería. La carrera de Isidoro Fernández es como la de tantos otros profesionales de la voz de nuestro país que comenzaron su carrera entreteniendo a los oyentes y se reconvirtieron en presentadores ante las cámaras. Y como tantos de ellos, a pesar de ser una presencia constante durante décadas, no alcanzaron la fama, eran esos hombres y mujeres a los que el espectador se refería como "el del bigote", "la rubia de labios finos" o "aquel de voz tan grave". En el caso que nos ocupa, su imagen demasiado similar a la de Matías Prats lo hizo más anónimo aún hasta que  por un giro de guión inesperado, al final de su carrera se hizo famoso para el público infantil.


De Isidoro apenas tenemos datos, un caso más entre las figuras clásicas de Prado del Rey que han quedado en el olvido a pesar de su intenso y constante trabajo durante años. Sabemos que fue una de las voces contundentes de Radio España (la segunda emisora creada en el país) en la que trabajó no sólo con las grandes luminarias de la cadena sino también con otras que se estaban iniciando y que llegarían mucho más lejos posteriormente como la hoy tan criticada Encarna Sánchez (por entonces era todavía Encarnita). Parece ser que ingresó en TVE en los sesenta pero ¿cuándo exactamente? No puedo responder pero sí que se sabe que a finales de esa década ya colaboraba en varios programas, fundamentalmente como locutor y es que su voz era de una de las más depuradas de la época: grave pero no dura, casi aterciopelada en su tono.


A principios de los 70 también aparecía como presentador puntualmente en secciones como "En este país" incluida en el magazine informativo diario "Sobre la marcha". No era lo habitual, él era uno de esos locutores multidisciplinares, tan pronto intervenía en un Telediario como en un evento deportivo o una retransmisión marcial. Queda para la pequeña historia de nuestra tele que Fernández fue el primero en salir en pantalla durante el Sorteo de la Lotería de Navidad, hasta entonces profesionales como Jesús Álvarez sólo estaban presentes con su voz o se les distinguía brevemente en las entrevistas que realizaban a los niños que habían cantado un premio importante. Isidoro tuvo el honor de comandar esta transmisión a principios de los 80 y saludar al espectador mirando a cámara desde uno de los palcos donde se instalaban las enormes cámaras. En aquella época también le tocó dar las Campanadas en Nochevieja aunque por entonces no era ningún honor precisamente sino un marronazo que te tocara hacer ese turno. Sólo se escuchaba su voz, nada de figurar en una azotea brindando con champán.


Fue en esa década cuando un plot twist tan inesperado que ni un guionista de Netflix sería capaz de pergeñarlo cambió su trayectoria. Podemos imaginar (sólo eso) la situación: un día le dicen que a partir de ese momento se va a encargar de las locuciones del programa infantil de los sábados por la mañana. El título de aquel es espacio quizás os suene, "La bola de cristal". De esta manera, entre sus múltiples tareas se añade la de leer con mucha intención los irónicos textos del equipo de guionistas dirigidos por Lolo Rico. El caso es que debió gustarle a la transgresora directora porque al poco tiempo le pidió que se pusiera delante de las cámaras para presentar un Telediario sarcástico en el que se narraban las historias de los inefables Electroduendes como si fueran noticias reales.


Por si eso fuera poco, al elenco de marionetas se unió una nueva de nombre Amperio Felón, con aspecto de Yeti, que llegaría a ser un reconocido político en ese mundo paralelo. ¿Y quién informaría de sus andanzas como si de una hagiografía digna del NO-DO se tratara? Por supuesto, fue nuestro amigo Isidoro que tuvo que incorporar a sus impecables dotes de cronista la de actor. La audiencia adulta le había conocido en su faceta más seria pero los niños ochenteros lo descubrimos en esta etapa en la que incluso sufrió a la temible bruja Avería.
   Según me contaba hace unos días un miembro del equipo, le hacía gracia participar en estos sketches sobre todo porque así podían verle sus nietos. En 1988 el programa terminó y desde entonces a Fernández sólo lo escuchábamos en promociones, continuidades ("A continuación podrán ustedes ver...") o incluso despidiendo la programación ya de madrugada. Supongo que se jubiló en los 90 y desconozco si sigue vivo. Cualquier dato será bienvenido pero que este post sirva, al menos, para que no permanezca sólo en los antiguos datos de contratación de TVE.


He aquí una Bola de 1987 en la que vemos a Isidoro en "Bola News":

jueves, 28 de febrero de 2019

La Carrà, agente inmobiliaria


Raffaella Carrà estrenará muy pronto en RAI 3 su propia versión del programa de Bertín Osborne "Mi casa es la tuya". Aunque hace unos meses la productora española que posee los derechos de explotación ya lo había filtrado, ahora ya es oficial y hasta se conoce la fecha de estreno, 28 de marzo. Es una buena noticia por dos razones: el regreso de la gran estrella a la tele como presentadora y también, desde luego, para la compañía Proamagna que ha conseguido vender el formato si bien es cierto que... si nos ponemos estrictos, en realidad la Carrà ya había hecho algo similar nada menos que tres décadas antes. Atención a esta imagen de 1988 en la que vemos a la italiana con el actor norteamericano Elliot Gould. 


O esta otra con el famosísimo JR de "Dallas", el actor ya fallecido Larry Hagman o la de más abajo con el no menos popular cómico Jerry Lewis. Todas pertenecen al programa "Raffaella Carrà Show" producido por RTI para Canale 5, propiedad de... ¡Berlusconi! Un año antes, en 1987, Raffaella había firmado un contrato millonario con Fininvest, el holding propiedad del político, empresario y cantante de cruceros. Aquel programa sería el primero que presentaría fuera de la que había sido durante décadas su casa, la RAI. Pero que no os confundan estos fotogramas, no era simplemente un programa que iba de casa en casa.


En realidad era lo que prometía su título, un gran espectáculo, un show con música, humor, un gigantesco decorado, mucha lentejuela y lujo. El plato fuerte era la presencia de invitados de renombre internacional como los ya citados y otros tantos como Joan Collins, Omar Sharif, Michael York ("Cabaret"), Tom Jones, Linda Gray ("Dallas"), Lola Flores o Mickey Rourke. Y la verdadera diferencia con respecto a otros shows similares eran los fragmentos grabados en meses anteriores en los hogares de algunos de esos convidados que devolvían (al menos en el contexto narrativo) la invitación a Raffaella. Aquello parecía más bien las páginas en las que el "¡Hola!" nos muestra los lujosos casoplones de herederos de la realeza o de las grandes fortunas empresariales pero ese cotilleo era aprovechado por la show-woman para demostrar su innata capacidad para la entrevista. El hecho de que esos artistas se encontraran cómodamente en su casa y no en un caluroso plató de televisión favorecía las confesiones y quizás la italiana, al ver el programa de Bertín Osborne, ha recordado lo bien que funcionaba esa sección. El momento es el adecuado para retomarla y potenciarla y eso es lo que hará con la ventaja de que la productora española no sólo vende sus derechos sino también las claves del éxito de su formato. Eso sí, podemos preguntarnos si Raffaella necesita indicaciones porque está claro que su mejor arma es su mirada, esa que se clava en sus invitados hasta hacerlos sentir parte de su círculo, ya sea en el salón de su casa o en el ya desaparecido plató de los Estudios Buñuel donde se realizaban su añorado programa de TVE. 

Queda pendiente para otro post hablar en profundidad del resto del show coproducido, por cierto, por TV3 y emitido en su día también en TVG. 


sábado, 23 de febrero de 2019

El primer día de "Noticias Cuatro"


Eran las 20.57 del 7 de noviembre de 2005. Ese día se inauguraba un nuevo canal privado en España, el primero en casi tres lustros. Tras una presentación grabada con todas las estrellas de la cadena y varias promociones, el Michael Robinson del Guiñol daba paso al primer programa en directo: el informativo. Y no sería un noticiario cualquiera, en realidad era un programa de análisis de la actualidad y quizás eso deberían haberlo dejado claro desde el principio para evitar decepciones posteriores. 


Tampoco tenía un presentador cualquiera, nada menos que uno de los grandes baluartes de la información en este país ocuparía ese complicado puesto, el del pionero de una emisora que se estaba estrenando, con toda la ilusión y motivación que eso supone pero también con el trabajo de picapedrero que implica también. Había que buscar un público nuevo para afianzar ese recién nacido llamado Cuatro y nadie mejor que Iñaki Gabilondo para hacerlo. Después de varias décadas al frente del magazine matinal de la SER, "Hoy por hoy", era requerido por sus jefes para cambiar de destino y dotar de credibilidad a unos servicios informativos que se nutrían de la redacción de CNN+ pero que, en la práctica, para el espectador partían de la nada. 


En un amplio decorado en el que predominaban los rojos en combinación con los grises y la madera, Gabilondo se presentaba ante las cámaras con estas palabras: "Buenas noches señoras y señores, ha habido un terrible accidente laboral esta tarde en Granada". Lo hacía sin leer el autocue (chivato colocado en la cámara para que los presentadores no tengan que mirar los papeles) y eso se notaba, para bien y para mal. Sus críticos decían que se le veía perdido y que a veces desviaba la mirada, otros decíamos que estaba siendo natural, que no llevaba guión y que estaba contando las noticias, explicándolas y eso, quizás, podía llamar la atención al principio pero estaba abriendo un nuevo camino. 


¡Y tanto que lo estaba abriendo! Tras la información sobre el accidente laboral con la que había iniciado "Noticias Cuatro" que incluía una entrevista en directo con la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, se intentaba analizar qué estaba pasando en un país vecino: "La revuelta francesa se extiende fuera de Francia. Los barrios son un polvorín, han estallado. El mensaje de Francia tiene que ser descifrado, ¿sabremos hacerlo?". En el día en el que se anunciaba la primera muerte en los disturbios, Gabilondo se diferenciaba de sus compañeros de otras cadenas yendo él mismo a cubrir el suceso. Se trataba de un reportaje grabado en días anteriores en el que Iñaki recorría las calles parisinas buscando todas las partes implicadas en aquellos desórdenes callejeros que reivindicaban un cambio inmediato. Cuando se le preguntó días después por esa curiosa alteración del relato de los informativos más canónicos él respondió: "Ah, pues eso lo haré siempre que pueda, no será una excepción". 


Y para seguir con las innovaciones, desde el plató se daba paso a un encuentro (no podemos calificarlo de enfrentamiento aunque posiblemente esa fuera la intención de los productores) entre Pasqual Maragall, President de la Generalitat de Cataluña, y Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid. En un momento en el que la vertebración del país peligraba (¿os suena lejano?) Gabilondo era claro y preguntaba a Maragall si había dos Españas. Como el President era más pillo que nadie, jugó al despiste hasta que finalmente y ante la insistencia del periodista aclaraba que para él sólo había una, la España plural. Apenas unos minutos duró esta charla porque como 
confesaba el presentador: "Teníamos otras intenciones pero el tiempo nos ha atropellado". 


Aquel estreno se saldó con un extraordinario (e inesperado) 15,1% de audiencia. Ese registro se debía a la curiosidad y a pesar de todo el despliegue mostrado, el público fue abandonando progresivamente el noticiario. El 21 de enero de 2010, con la "absorción" de Cuatro por parte del grupo que gestionaba Telecinco, Gabilondo dejaba su cargo de director-presentador. Pasó entonces a CNN+ para encargarse de "Hoy", donde el análisis y la reflexión eran aún más evidentes, hasta el 23 de diciembre de ese mismo año. Cinco días después PRISA se veía obligada a cerrar el canal ante la sangría economía a la que se venía enfrentando desde hace años. A Gabilondo le hicieron un flaco favor al pedirle que dejara su bastión radiofónico siendo líder absoluto para reforzar el nuevo canal pero me temo que al comunicador le pudo la lealtad y fue incapaz de negarse. Su "Noticias Cuatro" empezó con fuerza pero se fue desinflando, quizás como los propios medios destinados al área. Aún así volvió a dar lecciones de periodismo y esta vez desde un medio que había cultivado sólo en contadas ocasiones. Hoy Cuatro no es lo que era y parece que ni siquiera sabe qué quiere ser. 

lunes, 18 de febrero de 2019

"Sin límites", el debate que unió a Hermida y Milá


Un gran decorado, con tonos anaranjados, dos gradas de anónimos enfrentadas, dos expertos o afectados por el tema elegido y cuatro contertulios "profesionales". Un nuevo debate "popular" llegaba a Antena 3 el 6 de abril de 1998. Se presentaba como una vuelta de tuerca al formato tradicional, aquel con el que Jesús Hermida había dado muchas satisfacciones a la cadena unos años antes. Ese paso adelante, esa evolución en el género estaba encabezada por dos grandes figuras del medio que conocían muy bien las tertulias televisadas. 


El propio Hermida y Mercedes Milá compartirían labores de presentación. Ambos confesaban su mutua admiración y se declaraban encantados de trabajar juntos por primera vez en un mismo proyecto. Además, en aquella época les unía algo: el relativo fracaso de sus programas inmediatamente anteriores. "La hora H" y "Más que palabras" respectivamente no habían cumplido objetivos. Si bien es cierto que justo antes venían de triunfar con otros títulos ("Con Hermida y Cía." y "Queremos saber") y las expectativas habían sido elevadas, quizás demasiado.


En este nuevo programa unían fuerzas para afrontar una modernización del debate. Cada emisión comenzaría con los presentadores enfrentándose en un breve cara a cara para exponer sus posturas sobre el tema en cuestión, podían ser coincidentes o divergentes. Después se pasaba al testimonio de alguien que tuviera alguna relación directa con el asunto y posteriormente la discusión se iba abriendo a tertulianos a los que ya nos habíamos acostumbrado a ver en muchos espacios similares como Cristina Almeida, Pilar Rahola, Melchor Miralles, Juan Echanove, Fernando García Tola o Luis Antonio de Villena. Aunque la verdadera novedad radicaba en las dos gradas colocadas a derecha e izquierda del cálido decorado y que, aparentemente, era completamente libres para expresar sus ideas. Varios sonidistas equipados con micrófonos de jirafa se movían constantemente para captar sus palabras mientras Milá les azuzaba. Ella era la encargada de preguntar, repreguntar y animar esa parte del programa aunque en realidad poco a poco fue fagocitando también el resto del tiempo ante una curiosa impasibilidad del maestro


El primer día comenzaron fuerte con "La presunción de inocencia". Javier Gurruchaga, recién absuelto del caso Arny se preguntaba quién restitutía su honor perdido. La siguiente semana hablaron de la juventud y así, durante ocho citas más alternaron temas políticos de actualidad como las primarias del PSOE o el balance de dos años de legistatura del PP (con la presencia de primeros espada del partido como Rodrigo Rato, Loyola de Palacio, Mayor Oreja y Arenas), con otros más genéricos (y tendentes al sensacionalismo) como la Viagra o la relación de los jóvenes con la droga. Tan sólo diez programas fueron suficientes para agotar la paciencia de los programadores, no se llegó a completar la temporada. Quizás la hora no fuera la adecuada, el late-night de los lunes en plena competencia con un fortísimo"Crónicas Marcianas" en Telecinco. Posiblemente el dúo de presentadores no llegó a empastar o bien el formato no estaba pulido del todo aunque no se puede negar que fue un buen intento de hacer algo distinto y hay que reconocer el mérito de unir a dos grandes comunicadores.  

miércoles, 6 de febrero de 2019

Las batallas campales del "Julio César" de 1960


Un marcial Miguel Palenzuela a lomos de un caballo aparece en la portada de la revista "TeleRadio" una semana después de haber protagonizado en directo el 25 de abril de 1960 la versión de TVE de la inmortal obra de Shakespeare "Julio César". Lo curioso es que esta portada no se publicara una semana antes para promocionar la superproducción pero es que el esfuerzo que se había hecho para poner en antena esta obra debía ser explicado y merecía aparecer en primerísima página. 


A unos 15 km de Madrid, en el barrio de Lacoma en Peñagrande, se trasladaron en autobuses, como si fueran de excursión, los equipos artísticos y técnicos dirigidos por Juan Guerrero Zamora. Él fue uno de los primeros en vislumbrar en las brumas de la prehistoria de TVE que los dramáticos podían ser algo más que breves adaptaciones de obritas más o menos populares y en un solo escenario. Este ambicioso director-realizador (también uno de los primeros en asumir este rol) se empeñó en ampliar escenarios fuera como fuera y de ahí que para acometer la complicada tarea de adaptar el César de Shakespeare se atreviera a hacer algo que no era, ni mucho menos, habitual. 


Para representar los actos cuarto y quinto, aquellos que incluyen las batallas entre las tropas de Marco Antonio, Octavio Augusto y Lépido contra el ejército de Bruto y Casio decidió filmar unos días antes las escenas en exteriores y en formato cinematográfico. Fue una situación excepcional que la propia TVE publicitó de forma rimbombante: "Un vez más no se escatimó ningún esfuerzo para continuar cumpliendo con una de sus grandes consignas: atender siempre a las exigencias más altas de su público" presumía el reportaje de la citada revista, órgano oficial de la Casa y, por entonces, exclusivo para sus escasos suscriptores. En realidad sólo se usó una cámara de 16 mm para rodar las complejas secuencias y esas imágenes se incorporarían a la emisión en directo desde el minúsculo estudio del Paseo de la Habana donde Bernardo Ballester había preparado un decorado único pero muy apañadito, con partes móviles que ayudaban a crear la sensación de contar con varios sets. 


El rodaje en exteriores se saldó con dos accidentes. Manuel Torremocha, que interpretaba a Metelo Cimber, fue arrojado por su caballo y se dio un fuerte golpe en la cabeza aunque finalmente no tuvo mayores consecuencias. El equipo siguió rodando hasta que José María Escuer, el gran senador Casio, también fue lanzado por su montura hacia una cuneta. Esta vez la cosa fue más grave, el actor quedó sin conocimiento y cuando sus compañeros fueron a recogerle se dieron cuenta de que tenía "el rostro bañado en sangre" según reza la crónica. Fue trasladado a la Casa de Socorro más cercana  donde recibió cuatro puntos en la nariz. Escuer fue sustituido por un especialista pero pocos días después tuvo que aparecer ante las cámaras en directo con la sutura disimulada por el maquillaje. 


Aquel "Julio César" emitido en el espacio "Gran Teatro" fue un éxito brutal. El limitado público que veía TVE en 1960 alucinó, literalmente, al ver más de 100 actores moviéndose por el decorado y a unos cuantos más moviéndose por el monte. ¡Hasta había caballos, qué más se podía pedir a una producción de la muy modesta tele de la época! Pocos años después a Chicho Ibáñez Serrador se le afearía por usar fragmentos cinematográficos en sus series porque algunos críticos pensaban que la televisión era televisión y el cine, otra cosa, juntar ambos formatos era poco menos que un pecado. En el caso que nos ocupa no hubo tanto jaleo simplemente porque la audiencia era muchísimo más limitada y estos "experimentos" eran sólo eso, experimentos.